Información sobre adopción en Uruguay y adopción en general

11 de setiembre 1998 CULTURA Y SOCIEDAD ESA LARGA, LARGA ESPERA Los laberintos de la adopción

| viernes, 11 de septiembre de 1998

En Uruguay, donde hay un alto nivel de abandono de niños, aún no existe un programa nacional de adopción. Por distintos motivos, el Iname entrega sólo unos 50 menores por año. Las parejas optan por recurrir también a vías "paralelas".

Rosario Touriño

"Hoy habría 114 niños que podrían ser declarados en situación de abandono. Son muchísimos, pero a mí me llegan muchos menos", dice a BRECHA Ana María Méndez, directora del Instituto de Legitimación Adoptiva y Adopción (ILAYA) del Iname. La oferta del ILAYA, que funciona en un modesto local en la calle Río Branco con un puñado de funcionarios sobrecargados, es menos prolífica que las estadísticas de abandono: anualmente entrega sólo 50 niños en adopción. En lista de espera permanecen anotados 200 padres, carcomidos por la ansiedad. En promedio deberán esperar con suerte unos dos años largos para lograr su objetivo, a veces tres.
Muchos optan por mover influencias en el Interior, en especial hacia el norte del Río Negro, con el fin de concluir tratos "particulares". "El Iname tiene jurisdicción sobre todo el territorio nacional pero de hecho no se cumple", explica Méndez. "En el Interior son los jueces y los directores de hospitales los que entregan a los chicos sin que intervenga el Iname, guiándose por tarjetas de recomendación." Otra persona vinculada al tema y que prefirió mantener el anonimato confirma a la directora del instituto estatal: "En el Interior es una papa. El que tiene más influencias es el que primero consigue al niño, sobre todo cerca de la frontera. Pasa por el juzgado y le pregunta al juez: '¿Y, me consiguió el bebé?'".
En los departamentos en que no existe ningún centro del Iname, son las jefaturas departamentales del instituto las que actúan."No están especializadas en el tema", advierte Iris Vega, abogada del ILAYA. Al no actuar un equipo técnico en la evaluación de los padres adoptivos y quedar la entrega a criterio de la judicatura, los riesgos son "muy grandes", afirma. Como tampoco se confeccionan listas de espera, no todas las parejas tienen las mismas oportunidades.
De acuerdo al sistema jurídico uruguayo, los jueces de familia están facultados para entregar a un niño en adopción mediante la llamada legitimación adoptiva, sin intervención del Iname. "Existe una acordada de la Suprema Corte de Justicia en la que se recomienda consultar al Iname pero no es obligatoria. Los jueces tienen independencia técnica", señala Vega. "En muchos casos son demasiado apegados a la letra de la ley", y cada uno de los 28 magistrados "se maneja con su propio ritmo", agrega. Méndez recurre por su lado a una imagen para significar las diferencias de criterios entre el ILAYA y la justicia: "Ellos trabajan con expedientes, nosotros con niños. Si vieran a los niños serían más flexibles".

LA OPCION INAME


El equipo técnico del ILAYA estudia, por un lado, a quienes desean adoptar a un niño y, por otro, a los menores declarados en situación de abandono por los jueces de familia tras comprobar la "inexistencia de vínculo" durante un año entre el niño y sus padres biológicos o luego que la madre biológica firma una declaración manifestando su voluntad de entregar al recién nacido.
Para los pretendientes a la adopción, existen dos caminos: la legitimación adoptiva (o plena) y la adopción simple. La mayoría de las parejas prefiere la primera opción, ya que el niño rompe todo vínculo con su familia biológica. También es la ideal para los recién nacidos, que obtienen una nueva partida de nacimiento y pasan a ser hijos legítimos de sus padres adoptivos. Sin embargo, la legitimación adoptiva, regida por una ley de 1945, está limitada a las parejas con al menos cinco años de casadas y excluye a las que viven en concubinato.
La adopción simple abre el abanico a las mujeres solteras o divorciadas y a parejas en "unión libre". Pero también posee limitaciones: se accede a niños nunca menores de cinco años. Desde el punto de vista registral, los chicos mantienen su partida de nacimiento original, a la que se le anotan los nombres de los adoptantes en el marginal izquierdo. Por otra parte, los hijos adoptivos poseen menos derechos que los hijos legitimados en los regímenes sucesorios y de alimentos.
"Buscamos que la pareja aspirante no sobrepase los cuarenta y pico, de modo que cuando el chico crezca tenga todavía a sus padres", explica Méndez para justificar un requisito (ahora no tan aplicado como antes) resistido por algunas parejas. "Cuando el niño es menor de cinco tratamos de que tenga a ambos padres, cuando es mayor y tiene una personalidad formada se prioriza a las personas solas, por lo general mujeres", agrega.
Antes de que el trámite quede concluido con la adopción o la legitimación, los niños pasan por un período de un año de tenencia durante el cual el ILAYA evalúa el vínculo. La madre biológica también dispone de ese plazo para arrepentirse o reclamar a su hijo. Esta última situación, dicen los técnicos del Iname, es rara. "Entre los intereses de la madre biológica y los del niño la tendencia actual es favorecer los del niño y considerar que los padres son quienes le brindan afecto y no los que exclusivamente los conciben", apunta Vega.
Una de las principales críticas que recibe el ILAYA es que los períodos de espera suelen ser "interminables", sobre todo para quienes desean a un recién nacido. Si están dispuestos a adoptar a niños más grandes, de características étnicas diferentes a las suyas y hasta con algún problema físico tendrán mayores posibilidades. En los hechos, no es común esa receptividad. "La gente quiere un recién nacido y completamente sano porque cuanto más chiquito supone que más se les va a parecer. Cuesta mucho más adoptar a uno de ocho años, porque va a tener una personalidad formada y nos va a mostrar que es distinto a nosotros", señala a su vez Méndez. Tampoco adoptan los uruguayos a niños seropositivos e incluso con defectos físicos menores y operables como labio leporino. Los chicos que no son adoptados pasan a otras dependencias del Iname o se entregan en adopción internacional: unos catorce niños nacidos aquí viven hoy con padres adoptivos en Noruega, Canadá y Estados Unidos. Se trató de soluciones "peleadas" por los abogados del Iname, que debieron apelar a los principios generales del derecho para lograr esas adopciones, "ya que no hay una legislación específica uruguaya y el país no ha ratificado la convención sobre la adopción internacional, al existir mucha resistencia ante el tráfico de niños", comenta Iris Vega.

 

NI ABANDONADOS NI ADOPTADOS


Cuando se le critica al Iname la escasa oferta de niños "adoptables", sus técnicos responden que "el problema está en la disparidad de criterios de los jueces". Algunos opinan que los magistrados favorecen en demasía a los padres biológicos. Alcanza con que un niño sea visitado una vez al año por su madre biológica para que ese vínculo ocasional prime y deje al chico fuera de la adopción. Los niños quedan así en una especie de limbo y un seguro futuro institucional.
Los menores son declarados en "situación de abandono probable" en dos entidades públicas: en el Centro de Ingreso y Derivación del propio Iname, por donde pasa todo menor que ingresa al instituto, y en el Pereira Rossell, cuyo Servicio Social "contiene" a las madres biológicas, por lo general adolescentes.*
Silvia G adoptó a un chico en 1985. Ya tenía dos hijos biológicos y quería completar su trío soñado. El aún denominado Consejo del Niño era una fortaleza kafkiana y devastada. La opción menos complicada condujo a Silvia al Pereira Rossell. Un médico amigo conocía a una chica que aseguraba no poder conservar a su bebé. Silvia fue a un juzgado y declaró que le habían dejado al nene en la puerta de su casa, lo que técnicamente se llama "abandono expósito". El juez no puso impedimentos al proceso de legitimación adoptiva.
De acuerdo al Servicio Social del Pereira Rossell situaciones como ésas ya no ocurren en 1998. "Si llegamos a detectar que una persona está influenciando a alguna madre lo notificamos al juez inmediatamente", explica la jefa del departamento, la asistente social María del Carmen Canavessi. "Una vez una abogada se hizo pasar por representante de la madre de una chica embarazada que supuestamente quería adoptar al niño. Resultó que era falso y en realidad el niño era para otra persona", cuenta. Todo terminó con la notificación al juez. "Dentro y fuera del hospital se han aumentado las medidas de seguridad y no se permite la entrada de ninguna persona en situación irregular o vinculada a un movimiento de adopción", enfatiza Canavessi. Es usual que aparezca por el hospital alguna "madre descompensada que quiere adoptar a un niño" y se le explica que "acá no se trabaja con padres adoptivos". La asistente social asegura "la transparencia hacia el interior del hospital", sin desconocer que fuera del mismo la historia es otra.

NIÑOS VERSUS EXPEDIENTES


El Pereira Rossell ha sido acusado en el pasado de promover el abandono de niños, por lo cual varios de sus funcionarios han sido investigados. Hoy las críticas se dirigen en otro sentido. Integrantes del Movimiento Familiar Cristiano (MFC) aseguran que las madres que quieren entregar a sus hijos "no son bien tratadas" en ese centro hospitalario. María S, madre adoptiva y asistente social, relata que "hay en el Pereira quienes no aceptan la voluntad de las chiquilinas de dar a sus hijos en adopción, las obligan a amamantar al bebé y les crean sentimientos de culpa". Canavessi admite el hecho, pero cree que el rechazo a la madre abandónica es un prejuicio de toda la sociedad: "hay técnicos de sala que no entienden la voluntad de entregar al hijo, como tampoco lo entienden las otras madres internadas, las primeras en hacerle el vacío a esa madre". Para Canavessi existe un mito de lo que significa ser una "buena madre". "Muchas veces el abandono es un acto de amor", asegura. "Acá no trabajamos para que se produzca el abandono, porque nuestra tarea es proteger los derechos humanos de las madres biológicas; si quiere amamantar la respetamos, si no quiere también." La gran interrogante es si en el Pereira Rossell las madres logran ser contenidas en tiempo y forma. En el Pabellón de Maternidad se producen 30 partos diarios y el Servicio Social cuenta sólo con cuatro asistentes sociales. En estos momentos, la tasa de abandono del hospital es muy baja: se producen unos 40 o 50 anuales (0,7 por ciento del total de nacimientos). Canavessi desmiente, a pesar de las carencias de personal y recursos, que alguien "fuerce el abandono en el hospital, guiándose según el mercado de la adopción".
En el ILAYA se piensa que la coordinación con el Pereira es muy buena: "apenas hay un abandono, nos llega", declara Ana Méndez a BRECHA.
La adopción privada. Desde hace 35 años, el Movimiento Familiar Cristiano recibe separadamente a las madres que desean entregar a sus hijos y a los matrimonios que pretenden adoptarlos. Más de 25 parejas integran cuatro grupos de espera en el movimiento. Además, 17 grupos de matrimonios que ya han adoptado continúan concurriendo al MFC, en una especie de autoayuda. Pero lo más sorprendente ocurre todos los jueves. Las madres que entregaron a sus hijos en adopción participan en charlas grupales voluntarias que funcionan como "una catarsis", según explica Mabel Jóver de Mathon, una de las encargadas de entrevistar a las embarazadas que desean entregar a sus bebés. "Hace 23 años que estoy en esto y me gusta", dice esta mujer que se considera una "pragmática vocacional", capacitada para entender. Jóver desmiente cualquier intento de reclutamiento de madres por parte del movimiento: "vienen por recomendación de otras madres, de una patrona, o porque nos vieron en la tele. Llegan terriblemente solas, por lo que hay que saber encauzarlas". Cuando se le pregunta si todas las madres que acuden al MFC entregan a sus hijos en adopción Jóver contesta con una fuerte negativa. "Gracias a Dios, sólo 35 por ciento de las que vienen lo hacen. Sólo después de constatar que no pueden mantener al niño, o que es firme su voluntad de darlo, se les hace entender lo que significa la entrega."
Pese a que el MFC proclama entre sus objetivos la "nueva evangelización", Jóver dice que "aquí se puede anotar cualquier matrimonio. Buscamos buenos padres, no padres católicos. El movimiento da su filosofía pero cada uno lo toma como quiere".
El MFC sólo acepta parejas casadas, con una edad máxima de 38 años en la mujer y 40 en el hombre. Aunque reciben solicitud de niños desde el extranjero con frecuencia, no las aceptan. La prioridad son los matrimonios uruguayos, "que ya esperan, como promedio, hace unos tres años y pico".
Jóver prefiere evitar los términos burocráticos. En vez de referirse a los tiempos reales de una lista de espera prefiere hablar de otros tiempos, quizás más espirituales: "puede haber matrimonios con mayor antigüedad que otros pero con menor capacidad. Para definir esos tiempos está el trabajo de los grupos". Jóver está segura de que no se producirán errores. También sostiene que las embarazadas que llegan al movimiento son "educadas y conscientes". "Acá lo marginal no llega, porque esa gente tiene hijos y los amontona en el carrito. La mujer que viene acá tiene una visión más clara de las cosas." Cuando las madres biológicas acuden a la institución, a veces en las fechas de cumpleaños de los hijos que entregaron, suelen preguntar por ellos. Nunca sabrán ningún dato concreto. "Se les dice que están muy bien", señala Jóver. En el mismo sentido, si algún hijo adoptivo solicita datos de su madre biológica la institución no se los brinda, porque tampoco lleva ningún tipo de registro. "No nos corresponde a nosotros, para algo está la justicia. Nosotros exigimos a los padres que les digan a sus hijos que son adoptados."

EXPEDIENTES SECRETOS X


En el Iname o en el MFC suelen aparecer hijos adoptivos con una idea fija: conocer su pasado y hurgar en la identidad propia. Aunque los psicólogos, asistentes sociales y demás técnicos de las instituciones preparan a los padres para que revelen "la verdad" a sus hijos, hay casos en que esa recomendación no se cumple. El ILAYA entrega a los adoptantes o legitimantes que lo deseen una copia del legajo. Los expedientes reservados son archivados en los juzgados de menores durante diez años, hasta que son derivados al laberinto del Archivo General de la Nación. Como la ley que regula la legitimación adoptiva consagra la reserva del proceso de adopción, los nombres de los padres biológicos no figuran en la carátula de los expedientes. Sólo en los casos posteriores a 1978 aparecen apellidos y direcciones de los padres biológicos, en virtud de disposiciones de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ratificada por Uruguay en 1990. Antes del 78, siguiendo el espíritu de la ley de 1945, la información se destruía, dice Méndez a BRECHA. Los nacidos después de aquel año que quieran saber su identidad biológica deberán solicitarlo en un juzgado y dependerán del criterio de cada juez. La segunda opción de que dispone el hijo adoptivo -siempre que haya sido legitimado con intervención del Iname- es recurrir a los legajos del ILAYA.
La investigación es más dificultosa cuando son menores de edad los que reclaman el derecho a conocer su origen. Hoy, el directorio del Iname enfrenta un caso de ese tipo protagonizado por un adolescente de 16 años. "Dice que no necesita una terapia sino saber quiénes eran sus padres", relata Iris Vega. "En la legislación uruguaya no hay artículo alguno que ampare el derecho a la identidad del niño", por lo cual en casos como éste los abogados deben recurrir a la legislación internacional (el pacto de San José de Costa Rica, la Convención de los Derechos del Niño, los principios generales del derecho y el criterio del interés superior), sostiene la abogada del Ilaya.

CONTROVERSIAS


Un proyecto de reforma del Código del Niño contiene un capítulo, el XI, que aborda el tema de la adopción. El proyecto, ya a estudio del Parlamento, cambia la denominación de legitimación adoptiva por adopción plena y, en virtud del principio de considerar al niño como "sujeto de derecho", fija en 12 años la edad en que un chico puede negarse a ser adoptado, revocar una adopción y acceder a los expedientes en los que consta su origen. Otros puntos son objeto de controversias. Es el caso del reconocimiento que la Comisión Especial de Reforma del Código del Niño hace del papel de las asociaciones civiles privadas en el tema de la adopción. "El Iname debe tener el monopolio de la gestión en el proceso de adopción. La reforma permite la creación de asociaciones civiles y ong que funcionarían como agencias de adopción, lo cual contribuiría a fomentar el lucro", opina la abogada del ILAYA Iris Vega. "Con mejor organización, presupuesto e infraestructura que en la actualidad el Iname puede coordinar por sí solo la adopción en Uruguay, con una buena interrelación con el Poder Judicial", apunta.
En el otro extremo se sitúa el Movimiento Familiar Cristiano, para el cual las asociaciones civiles tienen mayor efectividad que las estructuras estatales. El MFC aspira a que se deje sin efecto la acordada que prioriza la intermediación del Iname.
Según dijo a BRECHA Jacinta Balbela, presidenta de la Comisión Especial, en el texto a estudio del Parlamento se prevé que los organismos privados "ayuden al Iname, pero será éste el que mantendrá el control del proceso de adopción" y deberá ser consultado obligatoriamente por los jueces antes de la concesión de adopciones. El instituto podrá también "rechazar a las instituciones que no estuviesen capacitadas y a las que tomen al instituto de la adopción como una cuestión comercial". La nueva legislación obliga a que los servicios no estatales cuenten con equipos multidisciplinarios que administren listas de espera estrictas, evalúen las condiciones "de salud, psíquicas y sociales de los solicitantes" y asesoren a los jueces que lo soliciten. Balbela cree que el Iname se consolida así como el "encargado de proponer, ejecutar y fiscalizar la política a seguir en materia de adopciones".
Las instituciones privadas podrán cobrar por su asesoramiento pero siempre y cuando "la actividad se base en el interés superior del niño". "Uruguay no es ajeno al problema de las adopciones nacionales e internacionales con fines de lucro. Hay que evitar que se adopte en Uruguay para vender a los niños en el extranjero", destacó la presidenta de la Comisión Especial.
Un punto del proyecto de reforma es rechazado tanto por el Iname como por el MFC: el que pretende aumentar de uno a dos años el período de tenencia de los niños para la adopción plena. "Todos los integrantes de la comisión, incluido el presidente del Iname, Alejandro Bonasso, entendieron que ese plazo es el más adecuado", dijo Balbela a BRECHA. En el ILAYA y el MFC se sostiene en cambio que una medida de ese tipo va en contra de principios aplicados en otros países, donde se tiende a ir reduciendo el período de tenencia, según dijo a BRECHA una asistente social del Iname. De la misma opinión "flexibilizadora" es Iris Vega. El objetivo a buscar, resumió la abogada del ILAYA, debería ser "disparar" la adopción y no obstaculizarla.
* Para encontrar al Servicio Social en el caótico predio del Pereira Rossell hay que superar una interminable cadena de carteles con la inscripción "no se dan informes". Y entrevistar a alguien del servicio es aun peor. Para hacerlo BRECHA tuvo primero que dirigirse a la Dirección de la Maternidad. No bastó y hubo que solicitar autorización por escrito, mediante carta al director general, José Luis Peña, indicando "objetivo de la entrevista", "temática" y a qué profesional se pretendía consultar. Imposible.

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