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Diario el Pais - 16 de mayo 2010 Profesionales de la maternidad

| domingo, 16 de mayo de 2010

Profesionales de la maternidad

El Programa de Acogimiento Familiar ("las cuidadoras") ofrece una alternativa a las internaciones en el INAU que alcanza a 1.102 niños alojados en 394 casas. | Si bien en los papeles no es una adopción, en la realidad los niños les dicen "mamá"; algunos llevan más de la mitad de sus vidas bajo su protección.
C. NOTARGIOVANNI / L. GARCÍA
Si la maternidad se cursara en la universidad, Margarita Arias ya tendría al menos tres títulos de doctorado. Y si se calificara, varios sobresalientes. Nacida en Paso de la Cruz, un pequeño pueblo del departamento de Río Negro, esta mujer de 61 años se ha pasado la vida criando niños. Primero a varios de sus siete hermanos. Luego a sus seis hijos biológicos más dos mellizos adoptados y, desde hace 16 años, a otros 11 niños que están bajo la tutela del INAU.
Hoy acoge en su casa de Fray Bentos a cinco pequeños de entre 3 y 13 años. "Ya estoy para jubilarme", comenta Margarita preocupada. Retirarse equivale a tener tiempo para dedicarse al jardín y a sus canarios o hacer "alguna excursión"; pero también implica despedirse de los niños, devolverlos al INAU. La decisión no es fácil y la angustia es grande.
A 309 kilómetros de distancia, en el hogar de Rosa Núñez (49) y su marido Sergio Manuel Rodríguez (53) se han vivido todas las emociones imaginables. Desconfianzas que se volvieron cercanías. Ojos asombrados ante la inédita posibilidad de una habitación propia. Tristezas y satisfacciones. Supervisión de deberes escolares y liceales, visitas al médico o a institutos especializados. Acostumbramiento primero y despedidas después. Incluso cumpleaños de 15. En esa cómoda casa del oeste montevideano han residido en custodia diez chicos del INAU; siete los tuvieron al mismo tiempo; hoy aún viven tres, que van de 12 a 17 años, bajo su techo.
Más allá que desde fines de 2008 en el INAU se hable de Programa de Acogimiento Familiar, aún se apela para estos casos a la figura jurídica de la "cuidadora". De acuerdo con datos del organismo, hoy hay 394 familias de acogida en todo el país, teniendo bajo sus techos a 1.102 menores de edad.
El término "cuidadora" data de los años `30; es obsoleto, tiene innegables connotaciones de género, y su estatus no es fácil de definir. No es una adopción, aunque en los hechos se le parezca mucho, sino una suerte de estadio transitorio en el cual se atiende a niños y adolescentes que por distintos motivos no pueden vivir con sus padres, ya sea por haber sufrido situaciones de violencia, abandono, enfermedad o adicción de sus progenitores. Una "cuidadora" -o "cuidador", para adaptarse a los tiempos que corren- no es una funcionaria del INAU, aunque tenga una relación con el organismo que incluye el cobro de subsidios por cada niño a cargo. Y como hay una paga, tampoco sirve calificarlos como "voluntarios", aunque ejerzan esa tarea por su propia deseo. La psicóloga del programa Sandra Sena -que reconoce que se trata de una situación "desprolija"-, agrega que quienes cumplen esta tarea tienen derecho a jubilación y aguinaldo.
Este limbo jurídico ya se encuentra en tribunales: 120 cuidadoras de todo el país presentaron demandas al INAU en reclamo de derechos laborales (ver recuadro arriba).
Solidaridad. Más allá de términos y cuestiones legales, es una tarea que implica una enorme carga de amor. La asistente social Judith Aude, directora del Programa, prefiere usar la palabra solidaridad. "Es que dentro de la solidaridad no sólo hay mucho amor, sino que también es un sentimiento signado por la importancia del otro, aunque sea distinto, aunque esté en una situación de vulnerabilidad. Pero se trata de un niño y se tiene que velar por sus derechos".
Esa solidaridad es lo que se busca a la hora de seleccionar los hogares de acogida, agrega Aude. Importante: los cuidadores no pueden tener el deseo final de convertirse en mamás o papás. "Buscamos familias flexibles, sin prejuicios ante la pobreza o discapacidades de los chicos". Durante la selección (ver recuadro abajo), el equipo técnico del INAU determina si los postulantes están capacitados para recibir en sus casas a bebés, niños pequeños, adolescentes o menores con problemas físicos o mentales. También hay que tener en cuenta la capacidad que tengan de procesar duelos. "Porque estas familias tienen la misión de cuidar al niño y facilitar el regreso a su familia de origen o a una adopción". Y eso duele mucho.
El "llamado" tiene varias causas. En el caso de Margarita, fue una enfermedad que la tuvo al borde de la muerte. Se operó de la vesícula, se cayó, se le dañó el hígado y pasó varios meses en coma. "Por algo Dios me dejó acá", pensó al salir del trance. Entonces, hace ya 16 años, decidió convertirse en cuidadora. Y su casa de seis habitaciones fue copada nuevamente por el inconfundible bullicio infantil. Tanto es así que su esposo Julio, jubilado militar de 76 años, fue "trasladado" a un cuarto propio. "Parece un jardín de infantes", ríe. Con la diferencia, claro, de que nunca llega la hora en que los padres van a retirar a sus hijos.
Rosa y Sergio Manuel tienen dos hijos propios que ya abandonaron el nido. Doce años atrás, cuando éstos se iban haciendo grandes, comenzó a germinar la idea de abrir las puertas de su hogar a chicos que no pudieran estar con sus padres. Había antecedentes: la madre del hombre había sido "cuidadora", cuando el INAU se llamaba Consejo de Niño.
CALOR DE HOGAR. El hecho que un niño deba alejarse de su hogar de origen ya implica un quiebre. Sena asegura que no es, ni cerca, la situación ideal; pero sí inevitable para impedir una situación de extrema vulnerabilidad. Llegar a una nueva familia no es la solución mágica. "Al principio están muy retraídos, no comen, no avisan que tienen que ir al baño, muchos han sufrido malos tratos, ¡tienen una mochila muy pesada! Lo que uno hace es indagar lo menos posible, buscar que se acostumbre a la nueva casa", señala Rosa Núñez. Para muchos de ellos, que se les enseñe los cuartos de una casa, una habitación propia, o que se les responda una pregunta, es toda una novedad. "Los chicos quieren gustar, tienen necesidad de afecto", afirma Sergio Manuel, quien es el que figura como "cuidador" en el registro del INAU y es -lo confiesa- mucho más emotivo que su esposa cuando se tocan estos temas, y el que más sufre cuando uno de los jóvenes deja de vivir con ellos.
Apelar a un ámbito familiar y no a las instalaciones del INAU tiene sus beneficios. Aude destaca que los niños que han crecido bajo este sistema alcanzan un mayor nivel de instrucción y adquieren un patrimonio social más rico que aquellos que se han criado en "internados". También tienen una mayor posibilidad de conseguir trabajo e insertarse normalmente en la sociedad, y menos chances de caer en la droga o padecer problemas psiquiátricos. "Reciben más amor de familia, porque se criaron en ese contexto, con un sentimiento de pertenencia, con amigos del barrio, con una escuela como referencia. También podrán ejercer un rol materno y paterno, porque lo han aprendido".
En los casos consultados, las pautas de comportamiento que les exigen son las mismas que las que los padres le impondrían a sus hijos. Que estudien y se reciban es el anhelo común. Que sean felices, la aspiración máxima. Margarita les insiste con que encaren una carrera -ella, que no cursó el liceo porque sus padres no pudieron mandarla a la ciudad- y ordena que cada uno de los niños se tienda su cama, se lave su ropa interior y vaqueros, y se dividan el lavado del baño, levantar la mesa o el secado de platos. Las niñas más grandes, de 11 y 13 años, duermen con ella para un mejor control de sus comportamientos. "Están en una edad que hay que vigilar".
En Montevideo, Rosa sueña ver a "la mayor", hoy de 17 años, recibida y casada. La única prohibición que le impone Sergio Manuel a esta adolescente, que lleva ocho años viviendo con ellos, es ir a la playa sola. El matrimonio todavía recibe llamados de algunos de sus "cuidados" que ya dejaron su hogar. Aún se emocionan.
Salvo en casos extremos, el vínculo con la familia de sangre no se pierde. De hecho, la idea es que el INAU -junto con otros organismos del Estado u otras instituciones civiles- trabaje en la reincorporación del menor al núcleo paterno o a una familia de adopción.
Sin embargo, los altos promedios de permanencia en hogares de acogida, que promedialmente superan los cinco años, más los eternos problemas burocráticos y de recursos humanos del organismo, hacen que el objetivo no siempre se cumpla. De hecho, en Montevideo, el año pasado, sólo en el 9% de los casos el chico volvió al hogar de origen; la otra posibilidad, la adopción, sólo se produjo en un 6%. Según la psicóloga Sena, en un 22% de los hogares de acogida montevideanos los jóvenes siguieron con sus cuidadores aún habiendo cumplido la mayoría de edad.
¿Mamá? Rosa es muy cauta a la hora de responder si se siente madre de estos chicos, por quienes se ha emocionado, reído, sufrido y angustiado como si fueran sus hijos. "Les di la chance de que me llamaran como quieran... Rosa... mamá... me he mentalizado mucho, aunque me he preocupado de ellos tanto como de mis hijos. No sé cómo explicarlo, lo tomo como algo... natural". Pero no puede disimular que sus ojos le brillen al referirse a ellos. Algunos obsequios de anteriores festejos del Día de la Madre (las típicas artesanías escolares con los "Te amo mami" de notoria caligrafía infantil) son pruebas del vínculo creado. Las fotos que gobiernan el living, también.
En Fray Bentos, a Margarita los pequeños la llaman "mamá". Más allá de los vericuetos legales, queda muy claro qué es lo que representa para ellos. Es por estos chicos que ella duda en jubilarse. Es por ellos que la asistente social local de este programa la califica como "polla con un montón de pollitos". Es por todo lo vivido en estos años que ella solo tiene una cosa de la que arrepentirse: "De no haber empezado antes con esto, de no haber ayudado a más niños".

La mayor carencia del programa está en la falta de recursos técnicos

La gran carencia del Programa de Acogimiento Familiar, señala su directora Judith Aude, está relacionada con la falta de recursos técnicos. En Montevideo, el personal con que cuentan consiste en dos asistentes sociales, tres psicólogos, una maestra y una educadora. En el Interior, este déficit es aún más grave.
Y es en el Interior donde están 322 de las 394 familias insertas en el programa.
La falta de personal y de otros recursos ha dificultado la concreción de las diferentes etapas del programa: difusión, convocatoria, control y monitoreo. De hecho, más allá de que se están promoviendo otros tipos de familia de acogida (extensa, parcial, ajena, especializada), sigue siendo la figura jurídica de "cuidadoras" la más utilizada.
Estas carencias -sumadas a la burocracia ya endémica del INAU- impiden una resolución más rápida de los casos. No hay un tiempo promedio entre la solicitud y la llegada de un niño a la casa; en el caso del matrimonio de Rosa y Sergio, rondó los dos años.
Aude señala que hoy están residiendo en dependencias del INAU unos 3.381 niños, niñas y adolescentes para los cuales acceder a un hogar de acogida, mientras esperan un eventual retorno con sus padres o una adopción, significaría un salto cualitativo en su calidad de vida y la posibilidad de un mejor porvenir. Sin embargo, hoy no hay más de siete familias en lista de espera para este programa. En el último año y medio sólo se registraron diez nuevas "cuidadoras".

Del programa de acogimiento familiar

Requisitos para ser "cuidadores"

Los que deseen ser "cuidadores" del INAU deberán tener entre 28 y 50 años, certificado de buena conducta, carné de salud y ciclo básico culminado (en este punto y en la edad hay flexibilidad).
Las entrevistas de selección son numerosas con un abordaje multidisciplinaro con énfasis en lo psicológico y el trabajo social. Si hay niños en el hogar, ellos también son consultados.
Es fundamental determinar que el matrimonio, o pareja, o adulto/a solo/a interesado en el cuidado, no tenga un deseo solapado de "adoptar" un niño.
También se estudia que el hogar interesado tenga ingresos suficientes para que el subsidio que el INAU entrega por niño se destine solamente a ellos y no pase a formar parte del presupuesto familiar.
Los teléfonos de este programa son: 9291670 o 9245766.

Las cifras

53,7% De los niños del programa tiene entre 3 y 12 años, el 29,2% entre 13 y 17 y el 9,8% tiene menos de dos.
20% De esos niños, niñas y adolescentes tienen alguna discapacidad, ya sea leve o moderada.
987 Son los niños y adolescentes incluidos en este programa en el Interior. En Montevideo son 115.

Monitoreos

El desempeño de los cuidadores es monitoreado por equipos multidisciplinarios integrados por asistentes sociales, psicólogos y maestras. Su periodicidad depende según el caso. Los controles pueden ser domiciliarios, en la sede del INAU y en el instituto educativo al que asista el niño.
Básicamente se busca corroborar que el niño tenga un espacio físico propio, que sus necesidades sean atendidas y que, en el caso de existir hijos propios en el hogar, el trato sea equivalente.
Si bien lo deseable es que los chicos no cambien de hogar de acogida, la existencia de irregularidades determinará que el INAU busque otro destino para el niño, niña o adolescente. También esto ocurre si el chico no se adapta a la familia o viceversa, o si el estatus del hogar de acogida sufre alguna modificación drástica.
Al momento, las entrevistas previas con los interesados en tener a un niño en custodia son la principal herramienta de evaluación para el organismo, así como para detectar un intento de adopción "solapada" o el hecho de buscar aprovecharse del subsidio que se paga por chico. Las detecciones de irregularidades no son fáciles. La directora Judith Aude reconoce que es más difícil detectar un caso de abuso dentro de un hogar que en una dependencia del INAU.

De niño "cuidado" a abogado de las "cuidadoras"

"Tuve la suerte de que no me fueron a buscar", dice Sergio Rodríguez sobre sus padres biológicos. "Porque no habría tenido la oportunidad de salir adelante", agrega. Tal vez hoy no sería abogado. Tal vez no habría aprendido nunca que la "unidad" del vínculo afectivo familiar es lo central. Esto último, cuenta, es uno de los legados más importante que le dejó su familia de crianza.
Cuando tenía dos años, Sergio fue enviado -en el marco del Programa de Acogimiento Familiar- desde una dependencia del INAU de Paysandú al hogar de María Rosa Silva, Julio Pereira y sus tres hijos: Julio José, Rossana y Rosario. Desde entonces, ellos son su familia. "Siempre supe que podían venir a llevarme. Las madres biológicas tienen ese derecho", cuenta, pero agradece que eso no haya sucedido.
Sin embargo, cuando llegó a la adolescencia quiso saber de sus padres. Entonces se enteró que su progenitor había muerto y conoció a su madre. "Ella tuvo una actitud tan fría que no me dieron ganas de volver a verla", dice. Hoy Rodríguez es padre de una niña de año y medio, Guadalupe, y hay algo que tiene bien claro: "Lo último que haría sería darla. No hay pobreza que justifique abandonar un hijo".
Este abogado es quien está ayudando a 120 cuidadoras de Artigas, Salto, Paysandú, Fray Bentos, Mercedes, Durazno, Tacuarembó, Montevideo y Cerro Largo en una demanda contra el INAU.
El reclamo se hace sobre la base de que si bien estas personas gozan de algunos beneficios laborales, no son consideradas como el resto de los trabajadores de la institución. No tienen licencia, ni salario vacacional, ni prima por atención directa (un 20% extra que reciben quienes trabajan directamente con los niños), ni horas extras; lo que repercute a su vez en los cálculos jubilatorios. "Hoy las cuidadoras se jubilan por la mitad de lo que les corresponde", explica Rodríguez. Según un cálculo hecho hace cinco meses, si Margarita Arias se retirara hoy cobraría $ 8.000 de jubilación.
Actualmente, cada familia recibe (por niño en custodia) aproximadamente 4.000 pesos (2.300 de sueldo y 1.700 de víveres), dinero que debe ser utilizados exclusivamente en el chico, para alimentación y mantenimiento. Si se trata de un menor de dos años, reciben un 30% más; y si tiene alguna discapacidad física o mental, un 60% extra; si requiere un tratamiento médico específico, otro 30% más. Las querellas fueron presentadas por departamento y no a nivel nacional para facilitar la movilización de las cuidadoras a las audiencias.
El INAU, cuenta Rodríguez, apeló a la "excepción de inconstitucionalidad", lo cual es interpretado como una "chicana, un recurso legal para dilatar el trámite", señala el abogado. "Entiendo que esto es una paradoja: por un lado el Poder Ejecutivo promueve una ley que agiliza los juicios laborales y a la vez el INAU interpone este recurso", dice Rodríguez, aunque acepta que forma parte de la reglas del juego.

Diario el Pais - 16 de mayo 2010 Profesionales de la maternidad

Pérdida y dolor en los niños adoptados

| sábado, 1 de mayo de 2010


Como padres adoptivos, los cambios y la confianza de nuestros hijos en su mundo dependen de nuestra habilidad para identificar su dolor y sus pérdidas, acompañarlos en su dolor, y ayudarles a crecer desde su dolor. Esta responsabilidd parental comienza cuando adoptamos y continúa mientras guiamos a nuestros niños hasta la adultez.
Como padres, Ecais, trabajadores sociales o psicólogos vemos la adopción como un hecho feliz, alegre. Un niño sin familia ahora tiene una. Una familia que ansiaba compartir su amor ahora puede abrir su corazón.
El tema del dolor no es un tópico en discusión cuando se considera la adopción. No es un aspecto corriente en las clases para futuros padres adoptivos. Algunos libros y foros de padres discuten los posibles sentimientos de pérdida, el trauma y el dolor de los niños adoptados.
Intelectualmente, comprendemos que los bebes y niños adoptados experimentan sentimientos de disconfort, pérdida y confusión durante las primeras semanas o meses después de su adopción. En la práctica, pensemos, ¿permitimos o creamos oportunidades para que los niños que acaban de ser adoptados manifiesten su dolor por sus pérdidas, su pasado? ¿Y, a lo largo de sus vidas, reconocemos y asistimos a nuestros hijos en su dolor?
Si adoptamos un bebe asumimos, equivocadamente, que la vida de nuestro niño comienza con nosotros. Si adoptamos un niño más mayor consideramos, erróneamente, que su pasado es ahora “su pasado”. Los niños adoptados, de cualquier manera, transladan muchos aspectos de sus pérdidas a sus nuevas familias, sin importar la edad en la que han sido adoptados.
Las pérdidas infantiles tienen diferente sentido que las de los adultos. Algunos expertos opinan que para los niños, las pérdidas están basadas en la seguridad, el confort y la familiaridad, y no en el lenguaje de los adultos de amor y afecto.
Se pueden reseñar seis categorías de pérdidas infantiles:

pérdida de relaciones ( con personas o animales)
pérdidad de los objetos que brindan confort (juguetes, ropas, la famosa sabanita)
pérdida de un ambiente familiar seguro
pérdida del “yo” ( esa forma de ser y hacer que nos define como únicos
pérdida de habilidades y desterzas
pérdida de hábitos y rutinas familares

Los niños adoptados o acogidos, sin importar su edad, se embarcan en sus nueva vida haciendo frente a muchas de estas pérdidas. Han perdido a sus cuidadores; sus ropas y camas; sus olores familiares; sus sabores y sonidos; la forma en que hacían sus cosas; su capacidad para sentirse cómodos con sus vidas y sus lenguajes; y sus rutinas diarias.
Pensemos en la adopción internacional, retiramos a un niño de su ambiente, lo montamos en un avión, cruzamos medio mundo, lo rodeamos de muchas personas en el aeropuerto, lo enfrentamos a gente extraña, olores, texturas, comidas, voces,… y esperamos que no se traumatice por ello.
Como padres, adoptivos o de acogida, no podemos examinar el impacto de las pérdidas sobre nuestros hijos porque no son fáciles de ver o identificar. Los niños no suelen hablarnos mucho de lo que sienten que han perdido. Sólo podemos considerar lo que ellos dicen o hacen. Algunas reacciones frecuentes de los niños al dolor que causan estas pérdidas pueden ser la ira; la tristeza; la hiperactividad; las respuestas emocionales inadecuadas; la dificultad para tomar decisiones; ls conductas regresivas; la pérdida de apetito;….
Cuando los niños se sienten sobrepasados por sentimientos muy intensos, naturalmente tratarán de construirse un mundo seguro distanciándose física o emocionalmente, negando o intentando negar la realidad de la pérdida. Las situaciones traumáticas y/o las pérdidas puede, interferir en el desarrollo general de un niño.
Somos los padres quienes debemos tomar la iniciativa de hablar con nuestros hijos acerca de sus pérdidas y el dolor que ello les trae. No podemos esquivarlos, debemos pasar a través de ellos. Poner palabras a sus emociones. Los niños que han vivido situaciones traumáticas, han sufrido algún tipo de abuso, o simplemente no han tenido una vida estable nunca han aprendido a identificar sus emociones y afectos.
Aunque apoyemos y acompañemos a nuestros hijos a superar sus pérdidas en los primeros años de su llegada a casa, no significa que hayan sido temas superados. Las pérdidas, el dolor y los traumas no desaparecen una vez que los niños se han acoplado a su nueva vida. Reaparecen a lo largo de sus vidas, una y otra vez, de distintas formas hasta la edad adulta.
Como padres adoptivos debemos, por tanto, informarnos y prepararnos para acompañar a nuestros hijos en su dolor y sus pérdidas. Ayudar a nuestros hijos a aceptarlas y crecer desde su dolor es parte de los que significa ser una familia adoptiva.
Susan Ward
Madre adoptiva
Directora de la revista “Older Child Adoption On Line”
http://afam08.blogspot.com/2010_03_01_archive.html

Las doce características de los niños adoptados

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1. El instinto de supervivencia
Los niños adoptados son todos extraordinarios supervivientes. Desde su concepción, han sobrevivido física y emocionalmente a una serie de obstáculos que desafían a la imaginación cuando uno se detiene a reflexionar un momento sobre ello.Durante la gestación: Sobrevivieron a un embarazo seguramente difícil: probable malnutrición de la madre biológica, ausencia de seguimiento prenatal, fuertes posibilidades de tensión de la madre en cuanto a su futuro y al futuro del niño, posibilidad de exposición a contaminantes (drogas, alcohol, productos químicos en agricultura y en fábricas), posibilidad de exposición a enfermedades infecciosas (sida, hepatitis y otras enfermedades de transmisión sexual).En el parto: Las circunstancias del nacimiento, salvo algunos (raros) casos de parto bajo supervisión medica, debieron también ser bastante difíciles, con secuelas tanto para el niño como para la madre: sufrimiento fetal debido a un trabajo demasiado largo, falta de oxígeno...Primeros días después del nacimiento: ¿Ha estado alimentado y cuidado convenientemente? ¿Ha pasado miedo? ¿Frío o dolor? ¿Cómo ha vivido la separación de su madre, con calma o con violencia?El momento del abandono: La noche... ¿solo en un lugar público donde se despertó llorando? ¿Cuántas horas estuvo solo, antes de que lo encontraran? La calidad de los cuidados en casa de una familia de acogida o en un orfanato: ¿Había las suficientes cuidadoras para darles un poco de ternura o atención? ¿La comida era suficiente? ¿De buena calidad? ¿Le cuidaron en caso de fiebre, irritación en las nalgas? ¿Le cambiaron regularmente? ¿Ha sufrido “solamente” la negligencia afectiva o, peor, fue golpeado, herido, atacado? ¿Cuánto tiempo pasó en el orfanato? ¿Días? ¿Meses? ¿Años? ¿Por qué fue elegido para ser adoptable? ¿Porque estaba enfermo o porque tenía buena salud? ¿Como ha vivido el primer contacto con sus nuevos padres? ¿Como algo amenazante? ¿Como si le arrancaran de la gente que él quería? Son cuestiones a menudo sin respuesta que nos indican, sin embargo, la increíble carrera de obstáculos que el niño debió cruzar antes de encontrar una familia. Por otra parte, en el mundo de la adopción, se dice que aproximadamente de cada 10 niños que llegan a un orfanato –no se sabe cuantos no llegaron allí–uno solo será finalmente adoptado.
2. El incomparable
Sin querer, los amigos, la familia e incluso algunos profesionales de la salud pueden hacer la vida dura a los nuevos padres comparando siempre el niño adoptado con los hijos biológicos. Tanto en la curva de crecimiento, como en la edad “normal” de la limpieza o de las habilidades psicomotrices, la comparación puede inquietar inútilmente a los padres. Durante los primeros 6 meses después de su llegada, es necesario hacerse a la idea de que será “incomparable“... y en varios sentidos de la palabra. Será incomparable ya que no responderá a lo que un niño de la misma edad, nacido y crecido en nuestro entorno “debe hacer”. Será incomparable, ya que durante los primeros 6 a 12 meses, se desarrollará a un ritmo extraordinario si se tiene en cuenta su estado el primer día de la adopción. Es necesario centrarse y no dejarse herir ni desestabilizar por las observaciones de los otros. Es necesario comparar siempre al niño consigo mismo. Sólo sabemos realmente el camino que ha recorrido desde su adopción.
3. Los sueños difíciles
Durante el primer año, y a menudo más tarde, los niños adoptados viven y hacen vivir a sus padres noches difíciles. Se niegan a dormirse, miedos nocturnos, pesadillas frecuentes, sueño agitado… son cosas corrientes y previsibles en adopción. La calidad del sueño de un niño es el reflejo de la salud física y de su estado emotivo. Es por la noche cuando el cerebro y el cuerpo se limpian de sus cansancios y de sus emociones. Los niños adoptados tienen que realizar tareas enormes durante el día: aprender un nuevo idioma, acostumbrarse a nuevos olores, sonidos, colores nuevos, entrar en relación afectiva con nuevas personas, dejarse querer, acercarse… Esta realidad actual se añade a anclajes de su pasado como haber sido abandonado en plena noche, haber oído niños llorar todas las noches en el orfanato, haber tenido hambre, sed o dolor por la noche sin ser consolado o aseado. ¡Un adulto perdería su latín!, como decimos en francés.Todos hemos tenido noches agitadas antes de un examen o una entrevista. Si como adulto nos es difícil controlar las noches agitadas, es muy difícil pedir a un niño que lo haga.
4. El Niño teflón o velcro
Cuando los niños llegan a nuestras vidas, se sitúan generalmente en una de las dos categorías: ¡Teflón o velcro! Es decir, o se cuelgan desesperadamente de nosotros como un bebé koala dentro de la bolsa de su madre o nos ignoran y tienen con nosotros una relación muy utilitaria. Ninguno de estos comportamientos son deseables. El niño Velcro no es una garantía de un apego instantáneo o de una relación sana a largo plazo, y un niño Teflón no es la garantía de que no se apegará nunca a nosotros. Durante el primer año, habrá una ambivalencia entre los dos modelos de funcionamiento: a veces Velcro, a veces Teflón. No es necesario preocuparse durante los primeros meses, sobretodo si el niño ha sido adoptado con más de 12 meses. Por el contrario, si después de un año estos comportamientos perduran de manera muy intensa, será necesario pensar en la posibilidad de que se trate de síntomas de desórdenes más o menos graves del apego.
5. La reproducción de sus modelos de supervivencia
Si tu hijo/a tiene comportamientos que se consideran extraños, fuera de las normas o provocativos o “incomprensibles”, hay muchas posibilidades de que reproduzca una costumbre o comportamiento que le ha ayudado a sobrevivir. Si se mece solo para dormirse, es sin duda la forma en que se automecía cuando nadie lo hacía por él. Si llama la atención con golpes, es muy posible que sólo obtuviera la atención de los adultos cuando estaba fastidiando. Si oculta comida, es porque le faltó y no está seguro de tener mañana. En lugar de ver este comportamiento como una molestia, es necesario acogerlo como una prueba de creatividad de su instinto de supervivencia. Es necesario tranquilizarlo y asegurarle que no tiene por qué hacerlo, que vosotros estáis ahí como padres para responder a sus necesidades, que no está solo para ocuparse de sí mismo.

6. El desarrollo en escalera
El desarrollo físico, emotivo, social y cognitivo de un niño no se hace de forma continua y lineal. Esto es aún mas cierto en el caso de niños adoptados. Hemos constatado, que tienen mas tendencia a desarrollarse por etapas largas donde nada parece ocurrir y “de golpe” se ponen a hablar, andar, dormir bien, manipular objetos con destreza, etc. Algunos padres se inquietarán en este proceso. No deben hacerlo, sobretodo durante los dos años siguientes a la llegada del niño. Como hemos explicado, un niño adoptado llega normalmente muy frágil respecto a las necesidades fundamentales: comer, beber, sentirse seguro físicamente, crear un vínculo de confianza y apego con sus nuevos padres. La respuesta a sus necesidades es prioritaria para estos niños y no puede pasar a otras etapas como el aprendizaje del lenguaje o de la escritura antes de tener seguridad en sus necesidades básicas. Algunos padres lo olvidan y se concentran demasiado pronto en la adquisición de aprendizajes, ya que están impacientes en que el niño llegue a la guardería o al colegio y temen que tenga demasiado “retraso” respecto a los otros niños. Es necesario ser muy paciente y cuidadoso, no dejar que nuestras propias inquietudes nos hagan olvidar lo esencial: la felicidad antes que el resultado.

7. Las fases de regresión
Porque muy a menudo se han debilitado en sus necesidades fundamentales (revisar la pirámide de Maslow), los niños adoptados tienen unas fases donde parece que repentinamente pierden lo adquirido. En situaciones de estrés o cambios, vuelven a orinarse en su cama (después de un traslado, por ejemplo).Vuelven a tener crisis de inseguridad espantosas después de una estancia en el hospital. Olvidan cómo escribir aunque estén en segundo curso debido a la llegada de otro niño en la familia. Esto puede desanimar a los padres que han puesto tanto esfuerzo para ayudar al niño a adaptarse. Los padres pueden preguntarse si han fallado, si lo que ellos han hecho no ha servido para nada, etc. Generalmente, estas fases de regresión son un paso atrás para tomar impuso con el fin de “saltar”más lejos. Pero es necesario descifrarlas, comprenderlas y no dejarse abatir.

8. El seductor o el indiferente
Los niños adoptados son a menudo niños muy encantadores, ¡incluso seductores! Saben qué hacer y que decir para ablandar y seducir a los adultos. Podemos suponer que ellos reproducen en el presente una formula ganadora para ellos en el pasado.Así obtuvieron la atención mínima necesaria de parte de sus cuidadoras, por ejemplo. Por el contrario, estos comportamientos pueden ser a veces muy superficiales y el niño puede convertirse en completamente indiferente si el adulto quiere crear demasiado deprisa una verdadera intimidad emocional con él. Si no está dispuesto a vivir esa intimidad, rechazará al adulto o se volverá sencillamente agresivo. Esto puede despistar a un padre o a una persona próxima al niño: pide de manera encantadora que se ocupen de él y les rechaza cuando se ocupan realmente de él. Tenemos que recordar que el niño ha recibido una pequeña cucharada de afecto cada día antes de su adopción, y puede sentirse agobiado o simplemente ahogado si se le ofrece una inmensa jarra de una vez.

9. El miedo exagerado al rechazo y el abandono
Una cosa es cierta: la gran mayoría de los adoptados, los grandes y los pequeños, tienen una sensibilidad extrema ante todas las situaciones donde perciben una forma de rechazo o, peor, un riesgo de abandono. Los adultos adoptados muy jóvenes y que han vivido dentro de familias cariñosas nos dan pruebas constantemente de ello. Tienen sueños recurrentes donde una persona querida no llega nunca a recogerlos a la escuela, o después del trabajo, etc. Toda forma de crítica, incluso constructiva, se vive como una censura, un rechazo. Algunos tienen dificultades para confiar y son muy “independientes” en el ámbito emotivo: ¡Si no me acerco no me podrán hacer daño! Otros no llegan nunca a tener relaciones amorosas duraderas ya que, en cuanto la relación resulta muy íntima, prefieren dejarlo enseguida antes que arriesgarse a ser heridos algún día. En los niños pequeños, esto se manifiesta por la necesidad de saber siempre a qué hora y quién vendrá a buscarles a la guardería o al colegio. O por la necesidad de insistir en que todos los miembros de la familia estén siempre juntos, en la misma habitación, en el mismo coche, etc. Esto puede durar meses o años.

10. La no-permanencia de las cosas
Todos los seres humanos prevén el futuro a partir de la realidad de su pasado. Por ejemplo un hombre o una mujer que se han equivocado en numerosos enamoramientos tendrán mucha dificultad para creer en el amor y en el compromiso sincero. Una persona mayor, que vivió la gran depresión de los años 30, guardará siempre una parte del dinero debajo de su colchón antes de depositar su dinero en el banco, etc. En el momento de su adopción, el niño ha vivido al menos en dos lugares (a veces en muchos más): con su madre biológica y a continuación en su medio sustituto. En su corta vida, se habituó al menos a ser arrancado de dos lugares. ¡Y ahora está en un tercero! Si el pasado es garantía del futuro, ¡pensará que éste solo es temporal como las otras veces! Hay, pues, un desfase enorme entre el compromiso y la certeza del padre –que esta totalmente convencido que el niño se quedara “siempre” con él–, y la percepción del niño, que espera, con gran probabilidad, ¡volver a partir pronto o algún día! También despista mucho a los padres que por ejemplo el niño pida cada día, sin parar, si ellos le quieren o si está exageradamente aterrorizado cuando lo riñen, aunque sea por una pequeña falta. Esto hace que sean también muy ansiosos ante todos los cambios: traslado, cambio de guardería, cambio de habitación, separación de los padres, etc. Es necesario, pues, meterse constantemente dentro de su piel y entender que nada es permanente para ellos. Es necesario repetir nuestro amor incondicional, diferenciar entre un comportamiento que no queremos y el que queremos, a pesar de sus pequeños desvíos de conducta. Es necesario tener una gran estabilidad en nuestros hábitos, en el modo de cuidarles, los colegios, las casas, etc.

11. La fragilidad de sus necesidades primarias
No es necesario desesperarse por ciertos comportamientos que perduran en caso de los niños. Son simplemente la señal de la amplitud de sus heridas invisibles. Ciertos padres se asombran de que un niño de 10 años adoptado a los 18 meses a veces aún esconda la comida. Es sólo la dolorosa confirmación de que tuvo mucha hambre. En lugar de que lo haga a escondidas y con vergüenza, ¿por qué no ofrecerle tener siempre una barra blanda en un cajón de la habitación, por ejemplo?. ¡Así le acogen en su necesidad y evitan también los malos olores y las sorpresas.

12. El instinto del pequeño salmón
Las preguntas y la comprensión de los orígenes varían según la edad emotiva y mental del niño y después del adulto. Esta búsqueda no tiene la misma importancia y significación para todos. Una prueba es que, la mayoría de los adoptados en Quebec no solicitan buscar sus orígenes aun cuando desde 1984 la ley se lo permite. Sin embargo, para algunos, esta necesidad de saber se convierte en una búsqueda con un significado enorme. Como el salmón, están dispuestos a romperse las aletas contra las rocas y agotar su energía vital para obtener una respuesta a este instinto de retorno a sus orígenes. Esta necesidad es a menudo interpretado por los padres como una desaprobación de la relación adoptiva, como un fracaso del amor mutuo. Los padres piensan erróneamente que no le han amado bastante, que no repararon suficiente el pasado, que van a perder alguna cosa especial con su hijo si le dejan o le animan a volver a su país. Algunos padres también quieren evitar un sufrimiento a su hijo, que se decepcione si no encuentra las respuestas o el objeto de su deseo. Es necesario, como padres prepararse mentalmente a aceptar esta etapa. La mejor manera es ordenar nuestros contenciosos y nuestra “lógica privada” con los padres biológicos de nuestros hijos (aunque en China, por ejemplo, la posibilidad de referencias de los padres biológicos sea muy escasa). Si consideramos a los padres biológicos como personas que forman parte de nuestras vidas, que han sido y son aún personas significativas para nuestros hijos, no evitaremos el despertar del instinto del “pequeño salmón” y lo viviremos de una manera mucho más constructiva. Una negación de la legitimidad de esta búsqueda puede verdaderamente poner en peligro la calidad de la relación padre-hijo. En cambio, una apertura sincera no puede más que enriquecerla.


Michelle Bernier y Johanne Lemieux 

El hijo adoptado

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EL HIJO ADOPTADO

¿Qué es lo más importante en esta situación?
Lo más importante es que,Vds., los padres, acepten y asuman desde el principio una realidad: que son una familia adoptiva para ese niño, y que esto, pese a sus buenas intenciones y deseos, no lo van a poder cambiar. 
El niño debe ser aceptado por su familia adoptiva tal y como es, procurando no anteponer para él expectativas propias, para nada reales, respecto a la realidad de ese niño. Sean realistas en este sentido, pues la educación que reciba ese niño y el entorno en el que crezca, sólo podrán modificar en él, aquello para lo que su hijo, esté genéticamente predispuesto, aunque sí supondrán algo realmente importante en el desarrollo de su personalidad.
La adopción es, para estos niños, parte de lo que son; pensarán en ella, y sin remedio, durante toda su vida. Será fundamental, para ambas partes, que Vds. ayuden a su hijo a expresar lo que siente y piensa, a conversar de forma natural sobre el tema. La comunicación, la expresión, es siempre fundamental para que el vínculo se fortalezca, y en este caso no es excepción.
Intenten mantener una actitud de escucha y comprensión, para que el niño les vaya confiando sus emociones sin temor; sea Vd. también sincero con él, de este modo él aprenderá a serlo con Vd. y los vínculos de afecto se irán fortaleciendo.

Sea cual sea la edad del niño adoptado, es conveniente permitirle que lleve consigo objetos personales de su pasado, conocidos por él; él necesita ese nexo, ese punto de partida conocido, para poder iniciar su nuevo camino.
Los padres adoptivos deberán enfrentarse a cuestiones, bastante más complejas, que las que han de superar los padres biológicos.
Al igual que cualquier otro padre biológico, un día pueden sentirse orgullosos y al otro "vencidos", pero lo más importante es que si Vds. aceptan sus propias limitaciones y la de sus hijos, se sentirán "verdaderos padres" de sus hijos.


¿Qué derecho inexcusable tiene el hijo adoptado ?
Deberán aceptar su derecho a saber todo cuanto sea posible sobre su adopción, y su historia de vida anterior.
El contarle las circunstancias exactas de su adopción, le ayudarán a disipar sus fantasías de culpabilidad (el pensar: "fui malo", o "algún problema debía tener o causar para que mis padres me dieran",...)sobre el tema.
Si intentan ocultárselo, algún día cuando lo descubra ( y tengan la seguridad de que será así), se sentirá engañado y traicionado, y quizás será mucho más difícil reparar ese daño que el de las circunstancias que envuelven a una adopción; podrá quedar, pues, perjudicada la relación.
Es importante contestar a sus preguntas, aunque Vds. mismos pueden también tener escasa información al respecto; pero lo que sepan, no duden en compartirlo.
Vds. como padres, deben ayudarle a asimilar y a aceptar esa historia, siempre, claro está, adaptando los detalles a la edad del niño y a su madurez.
- Es conveniente utilizar la palabra "adopción" de forma natural y en un sentido positivo, para que:
· el niño se vaya acostumbrando a oírla y conocerla
· y Vds., a hablar de ello sin incomodarse.
- Procuren utilizarla cuando se sientan física y, sobre todo, emocionalmente próximos a su hijo (en el momento del baño, al sostenerle en brazos,...).Busque el momento "afectivo" adecuado, según la edad del niño.

¿Cómo se desarrolla la adaptación del niño a su nueva familia?
Un niño adoptado pasa por diferentes fases en ese proceso de adaptación, pero éstas siempre serán las mismas en todos los casos; lo que variará es la duración de éstas (más breves cuanto más pequeño es el niño) y la facilidad en la adaptación (mayor también cuanto más pequeño), en función de la edad del niño.

Estas fases suelen ser:
- una fase inicial de angustia, en la que pueden ser frecuentes los llantos, el nerviosismo, el mal dormir, e incluso puede resentirse el apetito. En esta fase, el niño muestra rabia y dolor por el abandono.
Para ayudarle a asimilar todo esto, es conveniente ofrecerle mucho contacto físico (abrazos y caricias, demostraciones de afecto), que le hagan sentirse seguro y querido en esa, su nueva casa.

- una fase de adaptación, de conocerse mutuamente. Irá probando los límites de lo que puede y no hacer, de lo que puede esperar y recibir de las otras personas,... También habrán largos períodos de llanto, y predominará la ansiedad por ambas partes.
Sobretodo, no olvide, en ningún momento, que estas conductas no son algo personal contra Vd., sino consecuencia de su situación anterior.
Con suave firmeza, habrá que irle marcando esos límites, que él tanto necesita, aunque aparentemente, se le esté contrariando.

En función de la edad en que el niño es adoptado ¿Qué aspectos hay que tener en cuenta?
Si se trata de un bebé que todavía no habla, los recuerdos de sus experiencias anteriores al momento de la adopción han quedado grabadas en su cuerpo sensitivo, en su mundo de sensaciones, y forma ya parte de su historia personal, a un nivel muy profundo.
Cuando el niño ya se ha iniciado en el lenguaje, ya hay recuerdos en su memoria.
Entre los 2 y los 5 años, es muy conveniente ir hablando abiertamente sobre la adopción y sobre la historia de su adopción:
- explicarle que él o ella nacieron y, luego, fueron adoptados, ya que en la fantasía de algunos niños puede estar el hecho de que al haber sido adoptados, que ellos no han nacido.
- describirle cómo era cuando le vieron por primera vez: aspecto, rasgos, ropa, emociones que sintieron al verle/a, al cogerle/a en brazos,... el viaje a casa.
- destacar lo excepcional de su llegada a casa: cómo fue, quiénes les esperaban para recibirles, cómo era su habitación, sus cosas,...Enseñarle fotos de ese día. No confundir al niño respecto al día en que fue adoptado y el que es su día de cumpleaños, se han de mantener diferenciados.
En base a todo ello, irán creando su propia identidad y hay que ayudarles a que lo hagan.
Entre los 5 y los 11 años, son muchas las experiencias y los recuerdos que han dejado huella en él. Gran parte de la rabia y el dolor sentido por la/s pérdida/s y la/s separación/es, irán dirigidas hacia los padres adoptivos.
La adopción de niños de esta edad, sí hace conveniente el apoyo de un profesional de la psicología durante las primeras fases de adaptación.
En esos primeros años escolares, ellos mismos se sienten distintos a sus compañeros, aunque quizás aún no entienden muy bien por qué.
En este período, ya escolar, el niño adoptado puede oír comentarios de sus compañeros que le pueden resultar dolorosos. Escuchen lo que les cuente al respecto, y sean sincero con él.
La adopción de un adolescente es poco frecuente y hace preciso soporte profesional, tanto a la familia como al chico/a, por la complejidad que puede devenir de la nueva situación sumada a la especial etapa de crisis que supone la adolescencia. Su crisis natural de identidad será más profunda que en un niño no adoptado.
La adaptación por ambas partes será muy difícil. En esta etapa se juntará el intento de crear una nueva relación con Vds. y la necesidad, propia del adolescente, de irse separando para convertirse en un individuo independiente.
Aunque Vds. le hayan demostrado su amor infinitas veces, ellos seguirán cuestionándose (por su condición) si son dignos de ser queridos por Vds.
El proceso puede ser largo y lento.

¿Qué sentimientos suelen estar muy presentes en el niño adoptado?
- El miedo a ser nuevamente abandonado por su nueva familia, como hicieron sus padres biológicos.

- La desconfianza hacia los adultos (que les han abandonado, defraudado,...). Habrá que volver a ganar su confianza y, sobre todo con mucho amor y paciencia, pues el niño le pondrá a prueba todo lo que pueda para ver si ustedes realmente le importan.
Es en esos momentos límite, donde Vds. no le pueden fallar, y deben seguir mostrándole su amor incondicional; ello no significa aprobar todas sus conductas, sino ratificar su amor hacia él aún cuando éstas sean inapropiadas.


- El sentimiento de que nada perdura, de inseguridad ante todo, pues no conocen la estabilidad.
Las situaciones de separación, pérdida y abandono que, indudablemente, se repetirán en mayor o menor grado, a lo largo de su vida, serán especialmente mal vividos por el niño adoptado. Se mostrará especialmente sensible y reacio a iniciar relaciones basadas en la confianza, hasta que sus experiencias le vayan demostrando lo contrario.

¿Qué implica el adoptar un niño con necesidades especiales?
La situación se hace todavía más compleja. Sepa que necesitará dedicarle más tiempo y energías.
Estos niños necesitan de forma especial, familias estables y estructuradas, que sean muy realistas con sus expectativas, y capaces de aceptar las limitaciones de estos niños.
Procure conocer e informarse al máximo sobre el problema especial que sufre el niño; así, podrá ayudarle más y mejor, pues podrá entender más su situación.


Cuando los padres adoptan un niño, no es imprescindible acudir al psicólogo,
PERO PODRÁ AYUDARLES MUCHO SI NO PUEDEN HACERLO SOLOS, sobretodo cuanto mayor sea el niño que adopten.
ACUDIR A ASOCIACIONES Y GRUPOS DE APOYO DE PADRES EN LA MISMA SITUACIÓN, puede también servirles de ayuda.




http://www.psicologoinfantil.com/situacionesespadop.htm

Guía sobre la Adopción dirigida a educadores

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Guía sobre la Adopción
dirigida a educadores
 Robin Hilborn
Módulo 1 - Acoger al niño de una familia no-tradicional
Módulo 2 - Iniciar a los alumnos de primaria a la adopción
Módulo 3 - Cuidado con algunos proyectos de clase
Módulo 4 - Aprender el lenguaje de la adopción
Encontraréis en este texto información de base sobre la adopción para los educadores de ciclos primarios y secundarios. Aunque está sobre todo dirigido al niño adoptado, hemos intentado incluir información relativa a hijos de otras familias no tradicionales.


     
  MODULO 1  

Acoger al niño de una familia no-tradicional
Es probable que tengáis un niño en vuestra clase (¡o más de uno!) que proceda de una familia no-tradicional.
En la familia tradicional, un hombre y una mujer conciben un hijo, la madre lo ha traído al mundo y ambos lo educan. Existen otras formas de formar una familia, formas que son cada día más habituales, y cuyos niños pueden sentirse desplazados e incluso excluidos durante las discusiones en clase sobre el árbol genealógico, la historia familiar o los rasgos familiares.
La familia moderna está formada de varias maneras. El niño en la familia moderna puede ser:

  • Un niño que vive con los padres que lo han traído al mundo: la familia tradicional.
  • Un niño que vive con un solo progenitor.
  • Un niño de padres separados o divorciados, que vive con un solo progenitor. Si este progenitor se vuelve a casar, se crea otra relación entre la nueva pareja y el hijo.
  • Un niño en acogida, con padres de acogida y padres biológicos (con posibles cambios de familias de acogida).
  • Un niño adoptado, con padres adoptivos y padres biológicos. Algunos niños adoptados en el extranjero desconocen sus raíces. Algunos (sobre todo los adolescentes) buscan a sus padres biológicos y aprenden algo más sobre ellos mismos.
Para incluir a los niños de familias no-tradicionales, los planes des estudio en ciencias sociales y en biología, por ejemplo, deberían ser ampliados.


     
  MODULO 2  

Introducir el concepto de adopción entre los alumnos de la escuela primaria
Es posible que haya niños adoptados en clase y tengáis que estar preparados para las preguntas sobre la adopción cuando se planteen. Introducir el concepto de adopción en clase y tratarlo como una de las experiencias posibles de la vida beneficia tanto a los niños adoptados como a sus compañeros.
Educación infantil
Cuando habléis de bebés y de familias, utilizad la palabra "adoptado" o "adopción" de vez en cuando. Leed historias que hablen de la adopción. Depen-diendo de los intereses de los niños, preparad un juego de rol en los que vayan al aeropuerto a recoger un hermano o una hermana adoptada, o preparan la casa para un hermano adoptado.
Primer ciclo de primaria
Cuando habláis de distintos tipos de familia, no olvidéis las familias no tradicionales, incluyendo las familias adoptivas. Si un alumno menciona que en su familia ha nacido un bebé, mencionad el hecho que algunos niños entran en la familia por adopción. Esto puede incitar a alg�n niño a declarar que es adoptado, y podrás desarrollar el tema. No olvides que la historia de adopción de un niño es personal, él debe decidir si la cuenta o no.
Cuida el lenguaje que utilizas. No existen madres "naturales". Existen madres biológicas y madres adoptivas. Si la familia del alumno está en proceso de adopción, aprovecha la oportunidad de hablar del proceso y de la alegría de acoger un niño.
Es importante tener en cuenta la receptividad de la clase frente a la historia de adopción de un niño. Velad por que el niño no se convierta en objeto de burlas, y reaccionad como lo haríais en cualquier otra situación de burla.
En clase pueden leerse elibros que traten de la adopción como tema general, u otros que �nicamente la mencionan.
Segundo ciclo de primaria
Durante esta época y durante la secundaria, los alumnos quieren integrarse y ser como los demás. Los niños adoptados son conscientes de que son minoría, que la mayoría de los niños son criados por los padres que los trajeron al mundo. En general, es poco probable que quieran presentar su historia de adopción o ser singularizados.


     
  MODULO 3  

Cuidado con algunos proyectos de clase
Cuidado con algunos proyectos de clase. Lo �ltimo que quisierais hacer es excluir deliberadamente un alumno de una discusión de grupo o de un proyecto de clase, sin embargo algunos proyectos mal concebidos pueden producir este resultado.
Algunos proyectos de clase clásicos están basados en una visión anticuada de la familia, una visión que supone que todos los niños viven con papá y mamá en un mundo donde el divorcio y la adopción no existen y no hay historias traumáticas. Estos proyectos no respetan a aquellos niños que vienen de una familia no tradicional.
Generalmente, no podéis abandonar este proyecto y no querréis tampoco hacer una excepción por estos niños que son "casos especiales". Sin embargo, podéis alcanzar el fin educativo deseado, para todos los alumnos de la clase, redefiniendo los proyectos para incluir todo tipo de familias. Veamos algunos ejemplos de proyectos redefinidos.
El árbol genealógico
El trabajo:
Dibujar vuestro árbol genealógico
El perjuicio:
Esto supone que los niños viven con su familia de origen o conocen el pasado de sus familias. El árbol genealógico utilizado habitualmente no permite responder a las distintas estructuras familiares, sino �nicamente a la de un padre y una madre biológicos, sin tener en cuenta familias de acogida u otras configuraciones. Los niños de estas familias se sienten entonces aislados y diferentes.
Como conseguir el objetivo:
Los educadores han rediseñado el diagrama para crear el "bosque familiar", el "árbol del amor", el "árbol con raíces" (los antepasados biológicos están representados por las raíces y la familia adoptiva o política por las ramas)...
O podéis abandonar la metáfora del árbol y probar con la "rueda" (el niño en el centro y sus próximos alrededor) o "mi casa", o un diagrama con símbolos para las personas y líneas que indiquen las relaciones entre ellos. Pide a los niños que piensen en distintos tipos de modelos familiares; ofrece una variedad de árboles, o deja que inventen su propio diagrama.
Transforma este proyecto en actividad artística creativa -- invita a los alumnos a describir a su familia y lo que significa para ellos, en dibujo, pintura, collage o escultura. Utiliza las obras acabadas para lanzar discusiones sobre los tipos de familia y las formas distintas en las que se formaron. Dedica el mismo tiempo para cada tipo de familia, e insiste sobre el hecho que, en el mundo, pocos niños crecen en una familia nuclear. Habla de familias extensas, de acogida, adoptivas, de familias políticas y de familias monoparentales.
El objetivo podría ser la introducción de palabras y lazos de parentesco; el descubrimiento del lugar en la familia y la historia familiar; o el estudio de los ancestros. Podéis encontrar otra manera de conseguir estos objetivos. Sin embargo, el proyecto de árbol genealógico no tiene porque ser suprimido, representa una lección sobre las distintas maneras que tiene una familia de crecer.
Las fotos de bebé
El trabajo:
Traer una foto de cuando erais un bebé.
El perjuicio:
Este trabajo excluye a los niños que podrían no disponer de fotos de esta etapa, por estar en familia de acogida, adoptados, inmigrantes, o simplemente porque no se tomó ninguna foto. Si el objetivo del proyecto es establecer una relación entre la foto de bebé y el niño de hoy, se está privando a los niños de estas minorías de parte del placer de este proyecto!
Como alcanzar el objetivo:
Para ilustrar el desarrollo y los cambios del niño, pedid una foto del niño de cuando era más pequeño. Para describir al niño, introducid un objeto de referencia: un libro, un trofeo, un juguete, una mascota.
La historia familiar
El trabajo:
Redactar la historia de vuestra vida, incluyendo dos experiencias significativas.
El perjuicio:
Un niño que no conoce su pasado, o con un pasado difícil, puede ser incapaz de escribir su historia. Imaginad la dificultad emocional de un niño para recordar los abusos vividos en un hogar de acogida, por ejemplo. Su deseo de borrar un pasado doloroso o el hecho de inventarse un pasado mejor puede entrar en conflicto con su sentido de la honestidad.
Como alcanzar el objetivo:
Ofreced alternativas: escribir la biografía de un personaje histórico en primera persona; redactar una historia sobre algun fecho de vuestra vida; explicar alguna experiencia agradable sucedida en la escuela.
El día "Soy especial"
El trabajo:
Explicar la historia de vuestra familia; traer un recuerdo familiar.
El perjuicio:
El objetivo puede ser el de reforzar la autoestima. Este proyecto podría ser contraproducente para el niño en familia de acogida o adoptado que se sentiría cada vez más diferente a medida que fuera descubriendo la historia de sus compañeros. Si los recuerdos de familia típicos incluyen fotos de bebé o tradiciones familiares, el niño que no disponga de ellos encontrará muy difícil participar ene este proyecto.
Como alcanzar el objetivo:
Ampliad las posibilidades permitiendo a los alumnos traer mascotas u objetos que hagan referencia a su aficiones.
Día del padre / Día de la madre
El trabajo:
Celebrar al padre o a la madre.
El perjuicio:
Los proyectos que hacen referencia a estas fiestas especiales excluyen a aquellos niños de familias monoparentales o divorciados.
Como alcanzar el objetivo:
Ampliad el proyecto para incluir a aquellos hombres o mujeres que el niño conoce. O celebrad el "día de la familia", o el "día del amor" con temas como "agradecer a la/s persona/s que cuidan de nosotros".


     
  MODULO 4  

Aprender el lenguaje de la adopción
Los educadores deben aprender a sentirse cómodos con el lenguaje de la adopción. Deben saber como reaccionar frente a los adultos y a los niños que utilizan un lenguaje inapropiado; frente a preguntas como "por qué su madre le abandonó?" o "quien es su verdadera madre?"
Aunque la adopción tiene un lado feliz, no hay que olvidar que implica una pérdida. Los adoptados viven con la realidad dolorosa de que sus padres de nacimiento no han podido o no han querido quedarse con ellos.
Es muy difícil explicar esto a niños pequeños. Sin embargo, como adultos con un papel importante en la vida de estos niños, los educadores debemos a veces entrar en el mundo de los niños para hacer frente a sus penFas y a ayudarles a sentirse valorados y positivos con respecto a su existencia.
Los educadores deben esforzarse por aprender un lenguaje positivo de la adopción, porque la manera en que tratamos los temas sensibles puede provocar en el niño confianza y valor o por el contrario, verguenza y miedo.
Se puede formar parte de una familia de nacimiento o de adopción; ambas son totalmente aceptables. La adopción permite construir familias sanas y felices, padres y niños ligados por las reglas del amor.
Sin embargo, cuando la gente utiliza palabras cargadas de emociones que amplifican la ausencia de lazos de sangre, crean conflictos y disminuyen la autoestima de los niños adoptados. Estos términos negativos se originan a veces por el secreto de la propia adopción.
La mayor parte del tiempo, no deberíais referiros en absoluto a la adopción; haciéndolo, dejáis claro que la adopción es un lazo de parentesco menos importante que un lazo de sangre.
A continuación sugerimos algunas expresiones que deberían utilizarse para sustituir las incorrectas:
Evitad esta expresión Mejor ésta Por qué?
Padre/madre verdadero/a Padre/madre de nacimiento Los padres adoptivos son tan verdaderos como los adoptivos
Padre/madre natural Padre/madre de nacimiento, biológicos que han dado nacimiento La ausencia de lazos de sangre no implica que un padre/madre adoptivo sea "menos padre/madre"
Hijo natural Hijo de nacimiento
Hijo biológico
Hay hijos artificiales?
Hijo propio Hijo de nacimiento
Hijo biológico
Todos los hijos son propios, adoptados o no
Ilegitimo o
No deseado
Ninguna expresión deseable Las circunstancias de su nacimiento no deberían estigmatizar al niño
Madre soltera Madre Madre soltera implica un juicio moral
Abandonar, dejar,
Quedarse con el bebé
Dado en adopción
Criar el bebé
Por lo general, las madres biológicas toman la decisión de forma responsable y meditada
Adopción en el extranjero Adopción internacional "Extranjero" puede tener connotaciones negativas
Niño difícil de colocar Niño con necesidades especiales Menos perjudicial para la autoestima del niño

http://www.familyhelper.net/ad/guiaeducadores.html

Escolarización de los niños adoptados

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Artículo de Debra G. Smith

http://www.postadopcion.org/pdfs/escolarizacion.pdf

Adopción de niños mayores de 3 años

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Un artículo escrito por la Lic. Lidia Abraham de Cuneo en la Revista Archivos Argentinos de Pediatria (Año 1998)
http://www.sap.org.ar/docs/publicaciones/archivosarg/1998/98_404_406.pdf

La adopción de niños mayores

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La mayoría de quienes desean adoptar un niño, piensan en un bebé. Otros, por su parte, se animan a pensar en otra situación, que tiene sus complicaciones pero también sus ventajas: la adopción de niños mayores.

Autor: Cristina Oroño

Por empezar conviene aclarar que hablar de niños mayores nos sitúa en niños a partir de los 3 años de edad, niños que ya pasaron la primer infancia.
Encarar una adopción de por sí no es fácil, ya sabemos que implica superar la frustración del hijo biológico, elaborar el duelo de la esterilidad, y conectarse con el deseo más profundo de trascender a través del deseo de hijo.  

La mayoría de las parejas/personas que acuden a la consulta traen consigo el deseo de adoptar un bebé… quizás para darle su propio sello a esta nueva familia, para reproducir así el modelo de hijo biológico.
Otras parejas/personas se animan a pensar en adoptar niños mayores…. y aquí nos encontramos nuevamente con peculiaridades que distinguen, una vez más, a las familias adoptantes.
En primer lugar aceptar estas diferencias no es discriminatorio sino que apunta a conocer esas diferencias para poder afirmarse en lo posible y desde ahí valorarlo.
A partir de esta decisión conviene conocer algunos aspectos que le son propios:
- el niño viene con un bagaje de experiencias, la mayoría de ellas traumáticas, que lo ubicarán en este nuevo entorno con temor y desconfianza. Temor a volver a perder sus vínculos y desconfianza por lo que recibe. ¿Por qué ha de sentir otra cosa si es eso lo que vivió hasta el momento? Son frecuentes los trastornos de conducta: agresividad ó pasividad y la necesidad de poner a prueba los vínculos para comprobar lo que tanto teme que aparezca. Desconoce a sus padres adoptivos pero sabe cómo actúan los adultos.
- Desde los padres aparece el desconcierto ante las respuestas del niño/a ya que suponen que al darle amor y un hogar estable todo se soluciona; se generan tensiones y ambivalencias que llevan a pensar en renunciar a la adopción. En ocasiones en el afán de integrarlo no toman en cuenta sus peculiaridades, sus gustos, su historia, lo que lleva al niño/a a sentirse nuevamente no valorado ni aceptado; sin buscarlo, así confirman sus fantasías.
Llegado a este punto uno se preguntará para qué este tipo de adopciones si presentan tantas complicaciones. Sin embargo, tiene sus ventajas:
- hay parejas ó personas que por sus ocupaciones laborales/profesionales no pueden dedicarle el tiempo que requiere a la crianza de un bebé
- la edad de los padres hace que quieran armar una familia en menor tiempo y para ello adoptan hermanos
- el recibir un niño/a mayor tienen cierta certeza sobre la salud física de la criatura
Todas las parejas/personas que deciden este tipo de adopción necesitan una preparación previa para poder encararla de manera realista .
Tienen que tener algún conocimiento sobre la salud física de la criatura como así también sobre su vida social hasta el momento (si tiene hermanos, qué tipo de relación tiene con ellos, si conoce a sus padres biológicos, si ha cambiado de instituciones que lo han amparado, etc.)
Desde la perspectiva del niño/a tiene que conocer algo en relación a sus padres adoptantes.  
Los encuentros entre ambos participantes (padres/niño/a) serán graduales para propiciar un mutuo conocimiento y deberán contar con asesoramiento profesional para ayudarlos a transitar esta experiencia que implica un desafío a la tolerancia, el amor y la comprensión de cada uno de los involucrados.
http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=2490

La adopción de niños mayores. Un desafío para padres e hijos

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Josefina March, Univision Online

Grupo vulnerable


Aunque la mayoría de las parejas que eligen el camino de la adopción prefieren bebés, no son pocas las que optan por el desafío de adoptar niños mayores.
Grupo vulnerable
Los niños y niñas adoptados en forma tardía constituyen un grupo muy vulnerable, ya que han vivido un abandono prolongado y, en muchas ocasiones, maltrato físico y emocional, según datos de AdoptUsKids, la organización auspiciada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (DHHS) que ofrece asesoramiento en este tema.
En esta elección, los papás adoptivos tienen que estar muy bien preparados. Deben comprender que, en general, se trata de niños sanos y con un rendimiento intelectual normal, pero que pueden presentar retraso en algunas áreas del desarrollo y trastornos específicos debido a la falta de estimulación. Además, casi en el ciento por ciento de los casos provienen de un contexto afectivo patológico e inestable.
En Estados Unidos, gran parte de los niños que se encuentran en los albergues públicos a la espera de un hogar tiene, promedio, ocho años. Pero las estadísticas indican que el 90 por ciento de las parejas que buscan niños, prefieren bebés.
En el caso de los niños mayores, los padres deben tener la capacidad y disposición para construir una relación sana y “reparadora”, que sea una garantía real de protección y seguridad para el niño.
“Para mí, fue clave que Daniel comenzara a confiar en mí. Cuando él sintió que yo no lo iba a devolver al orfanato a los dos meses, comenzó a sonreír y a mirarme de otro modo”, cuenta Sara, que adoptó a Daniel cuando tenía 8 años. Los expertos aseguran que uno de los primeros lazos que estos niños tienen que construir con los nuevos papás es el de la confianza, luego de que la vida los pusiera ante la terrible prueba de vivir sin familia.
La primera etapa es difícil, ya que, además del necesario proceso de conocimiento mutuo, los niños necesitan probar que estos padres (que tal vez no sean los primeros que hayan intentado adoptarlos) los quieren y que no los abandonarán, aunque se porten mal.
Para ponerlos a prueba, es frecuente que después de las primeras semanas junto a la familia presenten pataletas, reacciones y explosiones de rabia, conductas transgresoras de normas y límites. En la mayoría de los casos se trata de una manera de ser reafirmados como hijos de los adoptantes.


Un pasado especial
Según informa MedLine, la biblioteca informativa de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, la experiencia señala que esta etapa es necesaria para la incorporación del niño a su familia y que constituye una oportunidad para los padres de comprender la historia y las vivencias de su hijo.
Porque otro dato esencial es que estos pequeños tienen un pasado que recuerdan, no son como los bebitos con los que se puede construir a partir de una memoria casi en blanco.
En resumen, para alcanzar una adopción exitosa, los familiares deben:
• Tener la capacidad de comprender que las conductas inadecuadas de los niños están relacionadas con el temor al rechazo.
• Respetar la historia y recuerdos de los niños por sus familias de origen o sus vivencias durante los períodos que vivieron en albergues públicos o con familias sustitutas.
• Tener mucha paciencia, entendiendo que, en muchas ocasiones, sentimientos negativos como la rabia o la frustración forman parte del proceso de acercamiento de la nueva familia.
• Ajustar el nivel de expectativas a la realidad: el niño no los querrá, ni respetará ni admirará de un día para el otro.
• Comprender que se trata de un trabajo de equipo, entre los dos padres, para lograr que del reciente proceso de adopción vaya naciendo una nueva familia.
• Sentirse confiados y seguros en su desempeño como padres, clave en el proceso de adopción de niños mayores.
• Tener con el niño mensajes claros, para que no haya confusiones ni sentimientos ambivalentes.
• Adquirir una conducta proactiva, de control y dirección, para que el niño entienda que tiene una imagen de papá o mamá.
• Nunca perder el sentido del humor. Los chistes, el reírse de peleas absurdas, puede ayudar mucho a transitar un franco canal de comunicación.
• Y, como siempre, darse cuenta cuando es necesario buscar ayuda de especialistas.

http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=10&schid=8141&secid=8381&cid=739074&pagenum=1