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¿Dos Mades? ¿Dos Padres? ¿Dos Familias?

| martes, 1 de junio de 2010


En este artículo, Claire Marie Gagnon defiende la necesidad de que el niño entienda y asuma la existencia de un doble juego de padres. La familia con la que vive, su familia para siempre, será con la que establezca lazos afectivos y vínculos duraderos, pero no podemos olvidar que aún cuando no tuviera ocasión de vincularse con ellos, su familia biológica forma también parte de su historia.
Fuente: http://www.postadopcion.org/pdfs/2madres.pdf Claire Marie Gagnon, Lacigogne, Periódico de la Federación de Padres Adoptivos de Québec. Traducido y adaptado por Julie Plottier y www.postadopcion.org
Hace 15 años, cuando fui a buscar a mi pequeño tesoro en Colombia, una madre adoptiva me había recomendado utilizar el término “la señora que te tenía dentro de su barriga”, para hablar a mi hijo de su madre biológica. Decía que de esta manera el niño no estaría tan implicado y que así distinguiría claramente el papel de sus dos madres. Así lo hice hasta el día en que mi hijo, que había cumplido 7 u 8 años me preguntó en plena cena: “mamá, ¿quién es mi madre de verdad?”. (A lo cual mi marido respondió: “está aquí, delante tuyo”). Esto me hizo reflexionar. Los amigos de mi hijo o de mi hija, la gente que encuentran, bueno, ¡todo el mundo! les pregunta cosas sobre su “madre de verdad”, utilizando el término “madre” para designar a su madre biológica. Si yo les enseño a utilizar otras palabras de las que todo el mundo emplea, es cuando les voy realmente a confundir, porque no entenderán lo que la gente quiere saber. Es como si les enseñara a hablar un idioma que sólo puede entender nuestra familia. Entonces hablé con mis hijos y, a partir de este día, les hablé de su madre de nacimiento, explicándoles que es ella quien les dio la vida, que era gracias a ella que eran guapos, con sus cabellos y ojos negros. Pero que yo era su madre de cada día, la que esta aquí tanto para sus alegrías como para sus penas. Y sobre todo, que sería su madre para toda la vida. También les dije que guardaran siempre un pequeño lugar en su corazón para su madre de nacimiento, porque es gracias a ella que estamos reunidos hoy. De hecho, les he permitido pensar que tienen suerte de tener dos madres, que podían estar orgullosos de ello, que no era vergonzoso, que era su historia. Hace poco mi hija de 11 años me preguntó cuando estábamos las dos en el coche: “¿crees que mi madre de nacimiento piensa en mí a veces?” (he notado que un paseo en coche es un momento privilegiado, donde los niños hacen preguntas o reflexiones que te rompen el corazón). Le contesté: “creo que debe pensar muy a menudo en ti, preguntarse si estás bien. Pero hay algo de lo cual estoy segura: estaría muy contenta y orgullosa de ver en qué te has convertido”. Sentirse en confianza de preguntar las cosas más intimas, ser capaz de situarse en su historia, con sus dos madres…
¿Y qué hay del padre?
Los medios, los profesionales y hasta nosotros, tanto padres como niños, cuando hablamos de abandono o de adopción sólo nos viene a la mente la imagen de la madre. Así, con frecuencia, es un gran golpe cuando el niño llega a la edad en que aprende que para hacer bebés se necesitan dos personas y que fue así también para él. El niño puede entonces tener una reacción desproporcionada, ya que se da cuenta que hay una segunda persona que lo ha abandonado, que lo ha rechazado: su padre. Y es cuando la ira se puede volver hacia el padre… sustituto. El niño querrá comprobar si este padre también lo va a abandonar. Puede ser difícil para los padres entender esta reacción tardía, ya que para ellos, el niño es su hijo desde hace tiempo, los vínculos son sólidos y son vínculos de confianza. Tendrá que entender que el niño tiene un duelo tardío respecto a su genitor que lo ha, como su madre, abandonado. Será necesario, pues, mostrarse muy paternal y demostrar al niño que su amor es incondicional y permanente. ¿Pero es el sentimiento paterno igual al sentimiento materno? El vínculo afectivo del padre con su hijo se desarrolla sólo después del nacimiento e incluso a menudo algunos meses después, cuando el niño empieza a apartarse de la madre para explorar más allá. El padre adoptivo puede totalmente desenvolver su papel –el de ser padre–, ya que integrándose más tarde en la vida del niño llega en el momento idóneo para crear su relación privilegiada, al contrario de la madre que debe establecer un vinculo afectivo con el niño para asegurar su supervivencia desde su nacimiento. El papel del padre biológico, en la mayoría de los casos ausente de la vida del niño desde su nacimiento, sería entonces puramente genético, siendo el que permitió el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide. Transmitió sus genes pero la supervivencia del niño no depende de él. Con frecuencia, nunca hizo de padre, puede incluso que no sepa que ha concebido a un niño.
¿Qué es una familia?
La familia es el lugar donde el niño vive, crece, establece vínculos. Entonces, la familia “de verdad” es, en caso de una adopción, aquella con la cual el niño establecerá vínculos afectivos en lo cotidiano. Sus hermanos y hermanas adoptivos son sus hermanos y hermanas “de verdad”, ya que hacen parte de la misma familia afectiva, donde se forman las alianzas, las complicidades. Los hermanos y hermanas biológicos, cuando el niño no los ha conocido, tienen con él sólo un vínculo de sangre, mientras que el vínculo familiar en la familia de adopción es un vínculo de corazón y de apego. El niño adoptado tiene sin duda dos madres: una que lo llevó durante 9 meses y le ha dado la vida y la otra que lo cuida y le ayuda a construir su vida. El niño adoptado tiene un padre, que es el protector, el que acompaña al niño, pero también tiene a un progenitor que dejó una huella, rasgos de carácter, aunque nunca existiera el vínculo afectivo. El niño adoptado puede tener hermanos y hermanas biológicos, a respetar como personas teniendo un vínculo con el niño, pero no hacen parte de la familia del niño, en la que se desarrolla afectivamente.
La adolescencia, un momento crucial
En la adolescencia, el niño afronta el conflicto de lealtad hacia sus dos grupos de padres. Tiene que poder permitirse vivir sin traicionar su lealtad hacia los suyos que se quedaron en su país y, al mismo tiempo, apartarse de sus padres adoptivos sin arriesgarse a perder su amor. Para crecer, cada adolescente debe sentir que le dan permiso de ser autónomo.

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