Información sobre adopción en Uruguay y adopción en general

Entender al niño adoptado.

| jueves, 1 de julio de 2010
Los adoptados no son niños especiales, son niños normales con unas vivencias muy distintas a las de la mayoría de sus compañeros.
Hablar de la familia biológica de nuestro hijo es complicado, pero debemos hacerlo con la mayor naturalidad posible

Hablar de la familia biológica de nuestro hijo es complicado, pero debemos hacerlo con la mayor naturalidad posible - Foto: © msdnv - Fotolia.com

No hay dos niños iguales, por lo que no es posible dibujar un perfil que se ajuste a todos los adoptados. Cada individuo somos una combinación única de genética y experiencia que se va modelando a lo largo de la vida. Sin embargo, del mismo modo que es esperable que un hijo único sienta celos ante la llegada de un hermanito, también es natural que los niños adoptados no siempre reaccionen del mismo modo que otros niños de su edad.

Detrás de cada historia de adopción hay siempre un niño que ha vivido situaciones difíciles y al que han faltado la atención y el cariño necesario en períodos críticos para la formación de su personalidad. Han vivido rupturas o separaciones más o menos traumáticas en sus primeros años de vida. Han pasado distintos tipos de carencias: de alimentos, de estimulación, de afecto... Muchos de ellos han pasado largos períodos en orfanatos o instituciones donde sus necesidades no podían ser atendidas como necesitaban.

Como en todos los niños, lo que han vivido ha condicionado lo que han aprendido y lo que no, y la manera en que miran y entienden la realidad que les rodea. Con frecuencia, eso se refleja en una inseguridad soterrada, que aflora en determinados momentos. Algunos reclaman constantes muestras de aprobación, otros viven como un rechazo cualquier corrección, son obsesivamente perfeccionistas y reaccionan exageradamente cuando no pueden conseguir lo que quieren.

Entender qué hay detrás de un comportamiento que nos desconcierta nos permite ayudar al niño a recuperarse y superar el impacto de las adversidades del pasado. En la sección "nuestros hijos" iremos colgando artículos sobre la interpretación del comportamiento de los niños y estrategias para superar las dificultades. Para empezar, te proponemos los siguientes:

El primero, el más rápido y el más todo.

¿Tu hijo vive en una competición continua por ser el primero? Te explicamos el porqué y cómo actuar.

B.S.R.

Casi todos los niños pasan por una etapa en la que desean ser "el más": el más rápido, el más alto, etc. A veces parece como si se vieran a sí mismos inmersos en una carrera desde que se levantan hasta que se acuestan, en la que siempre se imaginan ganadores. Compiten con sus hermanos, con sus amigos o con cualquiera por ser los primeros en llegar a la mesa del desayuno, en acabarse la leche, en entrar en el coche, etc.

A partir de los 3 años, empiezan a percibir con más claridad la distinción entre sus personitas y el resto del mundo. Las comparaciones suponen un avance en su desarrollo intelectual muy interesante. Demuestran que son capaces de pensar en dos cosas a la vez y establecer relaciones entre ambas. Puesto que todavía están aprendiendo muchas habilidades básicas, al compararse con otras personas mayores y más competentes, se sienten con frecuencia pequeños e incapaces. Proclamarse "ganadores" en cualquier cosa les ayuda a combatir esa sensación.

Si tu hijo se pasa el día tratando de ser "el más" y "el mejor", no creas que se está convirtiendo en una egocéntrico engreído. Esa necesidad de resaltar y sentirse superior responde en realidad a la inseguridad que le produce no poder hacer todo lo que quisiera. Ahora que es capaz de compararse y se da cuenta de que otros son más hábiles que él, se siente inseguro y utiliza el autohalago como mecanismo de defensa y de reafirmación.

Las siguientes estrategias pueden ayudarte a acompañarle de forma positiva en esta etapa:

- Resalta sus cualidades y valora sus esfuerzos. Puesto que la mayoría de las veces tras este comportamiento está a la inseguridad de sentirse aceptado, recibir muestras de reafirmación le ayuda a sentirse valioso y relajarse. Las muestras de cariño y apoyo son también esenciales para su autoestima.

- Describe las acciones o esfuerzos que deseas destacar en lugar de decirle que es "maravilloso" o que es "el mejor": Mejor que "eres el mejor artista" ,"utiliza frases como "El dibujo que has hecho es muy bonito, me encanta cómo has pintado los árboles, con todas las hojas y sus frutos".

- No lo compares con otros. Comentar que su hermano o su amiga ya se saben los números o la tabla del tres puede parecer una forma de estimularle, pero con frecuencia solo sirve para reafirmar su frustración y su sentimiento de inferioridad. Hacerle sentir que valoras sus esfuerzos es siempre mejor que presionarle. Esfuérzate en encontrar y comentar sus avances, por pequeños que sean.

- Transmítele que no necesita ser el número uno en todo. A cada cual se le dan mejor unas cosas que otras, y que eso nos da la oportunidad de enseñar y aprender de los demás. No se trata de bajarlo de un porrazo de su imaginario podium, sino de hacerle sentir que le quieres tal y como es, con las cosas que se le dan de maravilla y las que no tanto.

Niños movidos: ¿agotarlos o calmarlos?

Hay niños que no paran un segundo y otros que se aceleran en determinadas situaciones. ¿Qué necesitan para recuperar y conservar la calma

Si tu hijo es lo que la gente tiende a etiquetar como "hiperactivo", lo más probable es que te aconsejen que llenes su horario con actividad física para que saque toda su energía. Tal vez hayas observado que tu hijo se altera en los lugares bulliciosos (una fiesta, un polideportivo, etc.) o ante ruidos muy altos como un portazo o un camión que pasa. O que, cuando las cosas no salen como a él le gustarían, se pone cada vez más irascible e insoportable. Si tiene un "mal día" y todo parece sacarle de quicio, mandarle a su habitación hasta que se calme puede parecer una buena solución pero ¿lo es realmente?

En realidad, ni el ejercicio físico ni el aislamiento son las respuestas más adecuadas para un niño que se siente inquieto y nervioso porque no tiene aún la capacidad de manejar de otra manera su malestar. No es que quieran sacarnos de nuestras casillas, es que no pueden controlar sus emociones cuando éstas les desbordan.

La mayoría de los niños sientan las bases de su autocontrol a partir de los tres años, tras atravesar la etapa típica de las rabietas. Aquellos que no contaron en su momento con la ayuda necesaria para hacerlo o que han vivido algún tipo de trauma, no consiguen hacerlo cuando sus niveles de estrés se disparan. Si observamos su comportamiento como una prueba de que se sienten angustiados y no saben calmarse, estamos en mejor disposición de ayudarles.

Dos estrategias pueden ser útiles si tu hijo se muestra ansioso o hipercinético:

- disminuir los niveles de estimulación

- permanecer junto a él para ayudarle a calmarse.

Menos estímulos, más calma

Cuando un niño está "pasado de revoluciones", de nada sirve razonar con él. Mejor dejarlo para otro momento en que pueda estar más receptivo. Trata de disminuir el bullicio a su alrededor y proporcionarle un ambiente calmado y relajado. Alejáte de los lugares ruidosos, evita la música a todo volumen o las actividades excitantes. Rebajar el nivel de estímulos es el primer paso para lograr que su seguridad aumente y pueda relajarse.

Si tu hijo está nervioso, busca actividades atractivas pero tranquilas: dibujar, hacer collages, dibujar con tizas sobre la acera, juegos de mesa... Si está realmente sobreexcitado, no le será fácil engancharse con este tipo de cosas hasta que haya recuperado la calma. Para ello, en lugar de alejarlo de tu vista hasta que "se le pase", ofrécele tu presencia y tu apoyo.

En momentos de estrés, los niños que no saben aún gestionar sus emociones suelen reaccionar como lo haría uno de menos edad: rabietas, movimiento constante, incapacidad para concentrarse, etc. Al igual que con los más pequeños, la simple presencia de sus padres es el mejor antídoto contra su nerviosismo. Hay estudios que demuestran que el simple hecho de estar físicamente junto a sus padres aumenta su nivel de hormonas anti-estrés. El contacto físico agradable (acariciarlo, darle un masaje, sentarlo en tus rodillas) es aún mejor. Por el contrario, mandar a un niño que no puede relajarse lejos de nuestra vista aumenta las hormonas del estrés y su sensación de desasosiego.

Cuando nuestros hijos son incapaces de gestionar lo que sienten, necesitan que nosotros nos mostremos fuertes, seguros y calmos. Y que nos quedemos a su lado para ayudarles a recuperar la tranquilidad. No temas que al hacerlo estés fomentando una dependencia enfermiza de tu persona, al contrario. Cuando tu hijo cuenta contigo para aprender a serenarse, las conexiones de su cerebro que lo permiten se fortalecen. Como ocurre con los más pequeños, cuanto más ayuda reciban para controlar sus emociones, más fácil les será enfrentarse después en solitario al mundo.

El mierdo al rechazo y al abandono.

A ningún niño le gusta sentirse rechazado, pero los niños adoptados suelen vivir el temor a ser rechazados con mayor intensidad.

BEATRIZ SAN ROMÁN

La mayoría de los niños adoptados se han sentido solos y abandonados por aquellos en quienes confiaban en algún momento de su vida. La historia de su adopción se inicia siempre con la pérdida de los primeros padres y/o de las personas que fueron importantes para ellos. Incluso aquellos que fueron adoptados a los pocos días de nacer, llega un momento en que entienden que, para ser adoptados, tuvo que haber unos primeros padres que no se hicieron cargo de ellos.

Puesto que son aún demasiado jóvenes para entender las circunstancias que rodearon la adopción, es lógico que teman que la historia pueda repetirse. Ese temor -que es más una sensación difusa que un pensamiento elaborado- hace que sean hipersensibles al rechazo y que les cueste entender que el amor de sus nuevos padres es para siempre, que hagan lo que hagan y pase lo que pase siempre les van a seguir queriendo y cuidando.

Es importante que los padres seamos capaces de transmitirles una y otra vez que nuestro amor es incondicional. Aunque para todos los que les rodean es obvio que su familia es permanente, para ellos no está tan claro. La vida les ha enseñado que quien hoy te cuida mañana puede desaparecer.

Las siguientes ideas pueden ser útiles para combatir el miedo de tu hijo a sentirse abandonado de nuevo:

- Reafírmale con tus palabras y tus acciones en que siempre estarás a su lado.

- Jamás utilices el cariño como moneda de cambio. "Si lo haces bien, mamá te querrá mucho" significa también que, si no lo haces, puede dejar de quererte.

- Cuando fantasee con vivir con "otra mamá" o con "la mamá de la barriga", no te sientas herido ni ofendido. Su fantasía te da la oportunidad de reafirmarle en que haga lo que haga, y aunque a veces te enfades, siempre será tu hijo. Si tiene edad suficiente, muéstrale la sentencia de adopción. Explícale que, una vez el juez la firma, ni los padres biológicos ni los adoptantes pueden deshacerla.

- Ser firme con las normas no puede estar reñido con confirmarles siempre y en todo momento que nuestro amor es para siempre. Es muy posible que haya temporadas en que tu hijo necesite poner vuestra relación a prueba, provocando enfrentamientos que te pongan al límite. Tú sabes que, por muy malos que sean sus resultados escolares o por muy difícil que sea la fase que está atravesando, no dejarás de quererlo ni de ser su madre o su padre. Házselo saber, ponlo en palabras.

- Tras cada crisis, no escatimes las muestras de cariño. Si te muestras distante o malhumorado, aumentarás su angustia y sus temores. En cambio, los momentos de alegría compartida y las manifestaciones de cariño actúan como un bálsamo emocional para ambos, que fortalece la relación y alivia las heridas.

Los pequeños perfeccionistas

Hay niños que no soportan salirse un milímetro cuando colorean y que se frustran cuando las cosas no les salen exactamente como desean. ¿Por qué reaccionan así? ¿Cómo podemos ayudarles a tomarse las pequeñas contrariedades con más calma?

BEATRIZ SAN ROMÁN

Esforzarse por hacer las cosas cada día mejor no es malo, pero la obsesión porque todo sea perfecto produce mucha frustración y mucho sufrimiento. Hay niños que reaccionan con una rabia inusitada porque se les dobló una esquinita de su dibujo o que reclaman constantemente señales de aprobación a cada paso que dan. Se ponen contentísimos cada vez que les felicitamos por algo que han hecho bien, y al mismo tiempo se hunden en la tristeza o el enfado cuando sienten que "no han dado la talla".

En el encuentro "Jóvenes Globales: Generaciones Globales", Jennifer Jue-Steuck (californiana de 30 años adoptada en China) comentó que ella, al igual que muchas otras personas adoptadas, habían sido niños y adolescentes perfeccionistas. Incluso en la edad adulta, contaba que su primera reacción ante cualquier pequeño fallo era de una gran decepción. En su opinión, como en la de la bibliografía especializada, este rasgo se relaciona con el miedo al rechazo y al abandono.

Esa necesidad de ser perfecto siempre está en relación directa con la autoestima. Aunque sea de forma inconsciente, su perfeccionismo se relaciona con la idea de que, si no lo hacen bien, tal vez dejen de quererlos y aceptarlos. Por eso intentan ser siempre "el que más" lo que sea, o pierden la calma al menor tropiezo. No es un pensamiento elaborado, es una idea difusa que responde a sus vivencias: puesto que en el pasado se sintieron abandonados por las personas que eran importantes para ellos, temen volver a perder el cariño y las relaciones si no las saben mantener.

En sus pequeñas (y a veces aparatosas) crisis, de poco sirve intentar razonar con él. Su rabia y su dolor no se corresponden con el hecho en sí, por lo que centrarnos en quitarle importancia a que la tarea no les ha salido impecable no les ayuda demasiado en ese momento. Necesitan que les ayudemos a sentirse seguros y queridos, y entender que son apreciados y valiosos aunque, como a todos, no siempre les salga todo perfecto.

-Hazle saber que entiendes su sufrimiento. Si te empeñas en restarle importancia a lo que aparentemente lo causa, no conseguirás disminuirlo, sino que se sienta solo e incomprendido. "Es muy frustrante cuando uno se esfuerza y no le sale como quería" es una manera de hacerlo.

-No lo dejes de lado "hasta que se le pase". A veces no es fácil porque, en su desesperación, se muestran muy ofuscados y ariscos, pero ofrécele consuelo y ayúdale a cambiar su ánimo hacia otro más positivo. Un abrazo seguido de una sesión de mimos y risas actúa como un bálsamo sobre su dolor.

-Busca otros momentos de tranquilidad y buen rollo para explicarle que es normal que las cosas no salgan a la primera y para dejarle claro que siempre lo vas a seguir queriendo.

-Conviértete en la memoria andante de sus éxitos y sus superaciones. Recuérdale lo mucho que le frustraba no saber andar en bicicleta o atarse los cordones, o cualquier cosa que le parecía imposible lograr y que hoy tiene completamente dominada. Recordar esos momentos le ayuda a tomar perspectiva y a verse a sí mismo como alguien capaz de superar las dificultades.

Los apoyos postadoptiivos

Desde CORA, la Federación de Asociaciones en Defensa del Acogimiento y la Adopción, se reclama que las administraciones pongan en marcha recursos específicos para las familias adoptivas.

BEATRIZ SAN ROMÁN

Convencidos de que la adopción no borra la huella que dejan el abandono, las pérdidas y la institucionalización, los representantes del colectivo de familias piden que se pongan en marcha medidas que faciliten a los niños adoptados su integración.

Cada vez son más numerosas las comunidades autónomas que ofrecen servicios de postadopción gratuitos. CORA va un paso más allá al afirmar que deberían existir protocolos que proporcionaran a las familias acompañamiento y apoyo profesional en los primeros años tras la adopción.

Sus representantes insisten en la necesidad de contar con el asesoramiento de profesionales especializados para resolver dudas y detectar precozmente cualquier problema antes de que llegue a enquistarse. Sería algo así como las visitas que regularmente realizamos al pediatra, en las que él controla el desarrollo de los niños y las familias aprovechamos para resolver nuestras dudas.

"Muchas veces sabemos poco del pasado de nuestros hijos, pero sí sabemos que no ha sido el ideal. Lo que necesitamos son profesionales con quien poder contrastar nuestras inquietudes y las posibles dificultades. Un apoyo profesional permitiría detectar de forma precoz los problemas potenciales y trabajar en su solución desde el primer momento" afirma Javier Álvarez-Ossorio, el Coordinador General de CORA.

¿Y si se entristece al saber que es adoptado?

Puede que tu hijo se enfade o entristezca al hablar, o pensar, sobre su adopción o su pasado.

BEATRIZ SAN ROMÁN

Ayudar a tu hijo a asimilar su historia no se limita a irle transmitiendo la información a medida que está preparado para procesarla. Significa también ayudarle a digerir las emociones que este proceso conlleva.

A los padres nos gustaría creer que, si hablamos de ello con las palabras adecuadas, nuestros hijos encajarán sin dolor su historia. Lamentablemente, esto no es cierto. Descubrir que la vida es a veces muy injusta es siempre un proceso doloroso.

Es muy posible que tus explicaciones le hagan sentirse triste y confuso. O que se muestre en los días siguientes especialmente irascible y desafiante. Es normal. Encajar el rompecabezas de su vida y poder asimilarlo positivamente es un proceso que conlleva sentimientos difíciles, entre los que se encuentran la tristeza, el enfado y la rebeldía.

- No temas al dolor de tu hijo, es parte natural de su proceso de maduración. Compartir su sufrimiento y su tristeza no amenazan vuestra relación sino que la fortalecen.

- Hazle saber que lo que siente es normal, que le entiendes. Frases como "a mí también me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera" le permiten percibir que entiendes lo que le pasa y que estás de su lado.

- El dolor tiene muchas formas, no lo confundas con un ataque personal. Cuando un adolescente te grita que no eres su padre -o un niño de primaria enfurruñado te suelta "me gustaría que estuvieras muerta"- está tratando de canalizar su angustia y sus temores. No te hagas el ofendido, lo que necesita es que le acompañes en esta etapa difícil y le reafirmes en que ahora eres su padre para siempre, y en que siempre vas a estar de su lado.

- No escatimes las muestras de cariño y los momentos de mimos y risas compartidas. Cuando tu hijo sienta que se reabren las heridas de su pasado, las demostraciones de afecto, los abrazos y las caricias actúan como un bálsamo que alivia su sufrimiento.

¿Llegan las vacaciones?

Las vacaciones no deberían ser un tiempo de estrés sino de descanso y disfrute. Prepárate para hacer de este verano un verano inolvidable para toda la familia.

BEATRIZ SAN ROMÁN

A estas alturas del año, grandes y pequeños necesitamos ya un tiempo de descanso. El inminente verano, con sus días largos y calurosos, invita a soñar con esas merecidas vacaciones para todos. Especialmente si tu hijo es pequeño o algo disperso o lleva menos de tres años contigo, las siguientes recomendaciones pueden serte útiles:

- Mentalízate para disfrutar de la posibilidad de divertiros y pasar tiempo juntos. No pienses en "cómo entretener a los niños" sino en cómo hacer que los días sean agradables para todos.

- Crea nuevas rutinas y aférrate a ellas. Mantén unos horarios fijos para las comidas, la hora de dormir y, en la medida de lo posible, las actividades diarias como ir a la piscina o a la playa, volver a casa, etc. Lógicamente las rutinas no serán tan rígidas como durante el curso y habrá días excepcionales, pero intenta que sean realmente excepciones. La estructura en su día a día ayuda al niño a sentirse seguro y relajado (y disminuye su irritabilidad).

-Incluye en las rutinas diarias un tiempo para ti y para tu pareja si la tienes. Estar todo el día con niños consume mucha energía; darte espacios de relax aumenta tu capacidad de disfrutar de tus hijos y, además, ¡te lo mereces!

- Prepárale para los cambios o acontecimientos especiales. Todos los niños se descolocan cuando les sacan de sus rutinas, pero muchos niños adoptados lo viven con especial angustia. Si váis a hacer un viaje, una excursión o váis a pasar una jornada con sus primos en el campo, prepara a tu hijo hablando de lo que haréis y de cuándo lo haréis. Un calendario en la nevera o en cualquier otro lugar visible puede servir para marcar los días señalados y contar cuánto queda.

- A la hora de hacer planes, pídele su opinión y muéstrate interesado por lo que dice. Planificar las vacaciones o lo que haremos al día siguiente en familia permite que todos se sientan escuchados y partícipes del plan definitivo, en el que se tratarán de equilibrar los deseos y las necesidades de todos.

- Si váis a hacer un viaje largo en avión o por carretera, no olvides llevar algún material de entretenimiento. Desde las cartas o el parchís magnético a las cónsolas de videojuegos hay todo un abanico donde elegir. Un cuaderno y un estuche de ceras que no ensucien o lapiceros puede ser de gran utilidad, tanto para dibujar o escribir como para jugar al tres en raya o al ahorcado. Los clásicos juegos como el del "veo-veo" o el de adivinar un personaje no fallan nunca. Para los viajes en coche, llévale la música que le gusta escuchar.

- ¡Habla también del regreso! A veces cosas que parecen obvios para todos no lo son para los niños adoptados. Por increíble que pueda parecer, muchos niños sufren pensando que de nuevo su vida va a cambiar para siempre. Asegúrate de que tu hijo entiende que, tras los días de vacaciones, volveréis a casa.

Los celos entre hermanos normales.

Aceptar que las relaciones entre hermanos tienen sus altibajos es el primer paso para ayudarles a fortalecer su relación.

B.S.R.

Adoptados o biológicos, los hijos sufren a veces con la llegada de un nuevo hermanito que puede necesitar mucha atención y ayuda para adaptarse y sentirse seguro en su nuevo hogar. Para los niños el amor se mide por cantidad de tiempo y atención que les dedicamos, y es normal que su seguridad se resienta al tener de pronto que compartirlos.

Los que antes de la adopción eran hijos únicos suelen tener más dificultades para adaptarse a la nueva situación. En cualquier caso, lo habitual es que las relaciones entre hermanos pasen por altibajos a lo largo de los años, y que los celos y las envidias aparezcan de vez en cuando. Es normal que a veces se adoren y se defiendan mutuamente, y que en determinados momentos se peleen y no se soporten.

A veces lo expresan con frases como "mamá, ¿por qué no lo devolvemos al orfanato?"; otras lo hacen "portándose mal" o saltándose las normas para atraer nuestra atención. Cuando les reprendemos o castigamos por ello, podemos acrecentar su sensación de soledad y abandono. Si tu hijo tiene celos de su hermano o se muestra triste y deprimido, trata de hacerle sentir que lo entiendes y de reafirmarle en que sigue contando con tu amor y compromiso:

- Hazle saber que es normal tener sentimientos encontrados. A veces queremos mucho a alguien, pero hay momentos en que lo detestamos o nos sentimos resentidos. Comparte con él tus recuerdos sobre experiencias al respecto si las tienes. Las anécdotas sobre cómo nos hacían rabiar nuestros hermanos y cómo nos sentíamos nosotros les ayudan a entender sus emociones y colocarlas en perspectiva.

- Diferencia entre sentimientos y acciones. Las agresiones físicas o verbales no son admisibles, pero es bueno darles espacio para expresar lo que sienten. No le reprendas por decir esas "cosas terribles" o esas "tonterías". Aunque no te guste lo que oye, escúchale y trata de entender los sentimientos que se esconden detrás de sus palabras.

- Hazle saber que entiendes que pueda tener sentimientos negativos cuando su hermano acapara atenciones y aplausos. "Debe ser difícil para ti que todos llamen para felicitar a tu hermano por su medalla (o que no dejen de hacerle carantoñas todo el tiempo)" hace que se sienta comprendido y acompañado.

- No fomentes la rivalidad entre hermanos para reprender o corregir comportamientos. Evita las comparaciones que hacen sentir a uno de ellos que es peor o no tan valioso como el otro.

- Busca momentos para estar los dos solos. Trata de incluir en las rutinas diarias un tiempo que le puedas dedicar en exclusiva y sin interrupciones (antes de ir a la cama, cuando el pequeño ya está durmiendo, o cuando éste hace la siesta, por ejemplo). Las ocasiones especiales de las que disfrutáis los dos solos (salir a montar en bicicleta, tomar la merienda o un aperitivo en un bar, etc.) son como vitaminas para su autoestima y su seguridad.

¿Necesitamos un psicólogo?

Algunas pautas para saber si tu familia se puede beneficiar de una consulta a un especialista.

BEATRIZ SAN ROMÁN

Nadie dijo que ser padres fuera fácil. A veces, nos encontramos con comportamientos y reacciones de nuestros hijos que nos preocupan y que no sabemos cómo afrontar. La mayoría de las veces, con un poco de observación, empatía y sentido común, logramos hallar nosotros solos las soluciones. Pero también hay ocasiones en que pasan semanas y semanas, y no logramosresolver la situación.

Del mismo modo que consultamos al pediatra las dudas sobre el crecimiento o la alimentación de nuestros hijos, no está de más tener a mano el teléfono de los servicios de apoyo postadoptivo o de algún psicólogo que haya trabajado con familias adoptivas.

Ante un comportamiento que nos inquieta o una situación que nos preocupa, poder charlar con un profesional que nos ayude a dar con las claves para ayudar a nuestros hijos puede ser una excelente idea. Él pueda ayudarte a interpretar correctamente lo que ocurre, darte algunas herramientas o ideas para ayudar a superar el problema y evaluar si el niño necesita algún tipo de ayuda extra.

Muchas veces basta con consultar las dudas y recibir un poco de asesoramiento para desencallar aquello que frenaba su desarrollo y seguir avanzando. Otras veces, se necesita una terapia más o menos prolongada para ayudarles a sanar las heridas que traen de su pasado.

Signos de alarma

La revista AdoptiveFamilies identifica como señales de alarma que nos deberían llevar a buscar asesoramiento cuanto antes las siguientes:

- Las mentiras crónicas

- Problemas de sueño que no se resuelven durante semanas

- Robos o pequeños hurtos

- Problemas para la retención de orina en niños mayores de 5 años

- Que hablen obsesivamente sobre sus padres biológicos

- Que no hablen nunca de ellos

- Niveles altos de agresividad o rabia

Una consulta a tiempo puede ayudarnos a resolver un tema que nos inquieta y que está lastrando el crecimiento de nuestro hijo. Ser un buen padre (o una buena madre) no significa saberlo todo, si no estar dispuesto a buscar y encontrar la mejor solución cuando surge un problema.

Apoyos postadoptivos: teléfonos de contacto.

Cada vez son más las comunidades autónomas y las asociaciones de familia que ofrecen servicios psicológicos de apoyo a las familias adoptivas. En este post, puedes consultar algunos teléfonos de contacto.

BEATRIZ SAN ROMÁN

Los servicios de postadopción que han puesto en marcha algunas comunidades autónomas y muchas asociaciones de familias proporcionan un espacio donde consultar y recibir asesoramiento sobre situaciones que se plantean a lo largo de la crianza de nuestros hijos. Pueden servir para resolver de forma puntual los pequeños problemas o incidencias que surgen en la vida cotidiana, o para recibir el apoyo necesario en situaciones más graves.

A continuación listamos los teléfonos de contacto de los servicios de postadopción que han puesto en marcha algunas comunidades autónomas y asociaciones de familia. Por favor, ayúdanos a actualizar el listado a través del apartado de comentarios. ¡Gracias!

ANDALUCÍA: Se puede contactar con el servicio gratuito de postadopción a través de las delegaciones provinciales de Bienestar Social o en los siguientes teléfonos: 952 217 822 (Andalucía Oriental) - 954 222 917 (Andalucía Occidental).

ARAGÓN: Asociación Afada. Tel. 625 516 630.

CASTILLA - LA MANCHA: Asociación Amada. Tels. 926 541 286; 618 139 684.

CASTILLA-LEÓN: Asociación Arfacyl. Tel. 983 298 963.

CATALUNYA: Servicio de Postadopción del ICAA. Tel. 93 483 18 24.

EUSKADI: Asociación Ume Alaia Bizkaia: Tel. 688 64 92 82. Ume Alaia Gipuzkoa: Tel. 943 24 56 06. Diputación Foral de Gipuzkoa: Tel. 943 11 26 77.

ISLAS BALEARES: Asociación AIBA. Tels. 656 599 955 - 971 72 95 88.

MADRID: Adoptantis. Tel. 91 416 48 37 - Centro de Psicología DinámicaTH REIK. Tel. 91 593 24 34.

Links:

http://www.parasaber.com/familia/adopciones/postadopcion/nuestros-hijos/articulo/adopciones-postadopcion-entender-nino-adoptado/20969/?print=1

El primero, el más rápido y el más todo.

Niños movidos: ¿agotarlos o calmarlos?

El miedo al rechazo y al abandono.

Los pequeños perfeccionistas.

Los apoyos postadoptivos.

¿Y si se entristece al saber que es adoptado?

¡Llegan las vacaciones!

Los celos entre hermanos son normales.

¿Necesitamos un psicólogo?

Apoyos postadoptivos: teléfonos de contacto.

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